Las noches de cementerio son frías, como la muerte pienso, como un cuerpo después de la vida; son solitarias también como la muerte, que es tan de uno tan anónima después del llanto de todos después de los lo sientos. Sin embargo hoy está ella y aún así la noche parece solitaria como las flores después de un tiempo, como las flores marchitas las noches acá parecen secas, aún en Buenos Aires siempre tan húmeda aún con esta lluvia que resbala en mi camisa de sereno y no me moja. Las noches son siempre secas como los cuerpos que piso en círculo una y otra vez todas las noches y que no me importan. A ella la lluvia tampoco le molesta, tampoco a ella la moja y al igual que ayer cava cava y cava.
Ninguno de mis compañeros se dio cuenta esta mañana de que está desenterrando esa tumba, es una que ya nadie visita, tampoco nadie la vigila.
Esa mujer desentierra ese cuerpo y pienso en lo grande de su problema; y me río solo, como loco, y pienso en el mío y por eso la entiendo y no hago nada.
Mi problema es mi mujer, sus compulsiones sexuales irrefrenables, mi problema es que no sé ya que hacer y decido no hacer nada; al principio de nuestra relación quería todo el tiempo sexo, siempre en cualquier lugar, en todo momento; después me engañó con todo hombre que conocía. No le bastó y empezó a pasar noches enteras fumando frente a la computadora, no haciendo más que ser otras y otros en salas de chat; a veces era hombre que buscaba mujeres, a veces era mujer que buscaba hombres, a veces era hombre buscando hombres, a veces era yo.
Todavía no la entiendo, pero la amo y no hago nada y espero, y cada vez se pone peor y ahora más y la noche fría seca de cementerio y hoy no llueve y es el tercer día que miro cómo esta mujer desentierra ese cuerpo ahora huesos y pienso en cuántos problemas tiene y pienso en cuantos problemas tengo yo por mirarla y no hacer nada y amo tanto a mi mujer y toleré todo, pero ahora esto. Ahora esto en mi casa en nuestra habitación esta compulsión que hace que no perciba el dolor en su entrepierna, que no sienta el frío de los huesos que la penetran y que grite el nombre escrito en esa tumba que nadie visita salvo ella y yo no hago nada y la miro desde la cocina y entiendo que siempre lo buscó a él, en mí, en los hombres con los que me engaño, en los otros que se invento y que fue y la miro; confío en que así pueda encontrarlo y olvidarlo.
La miro desde la cocina y lo sabe en la habitación como lo sabía en el cementerio; la miro y ella sólo sigue amando huesos mientras sangra en su entrepierna.
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miércoles, 14 de abril de 2010
Princesa
A veces Carlos es princesa pero sobre todo a mitad de la noche, digamos a la cuatro. La casa está en silencio y en silencio es princesa. El baño está limpio Sandra y su obsesión con la limpieza limpio. No hay ruidos todo está callado no puedo gritar gemir porque Sandra escucharía callado. Sólo hay olor a desinfectante pero imagino el olor de su entrepierna desinfectante. Lo imagino macho morocho alto grandote macho, todo está perfecto limpio y seco salvo mi mano ahora mojada porque ay ay ay como princesa ay ay ay perfecto.
A veces Carlos es princesa pero casi siempre se levanta temprano y Sandra está al lado. La besa, pero ella no lo mira y sigue durmiendo porque no trabaja. Desayuna, piensa en la oficina y se olvida que a veces se levanta a mitad de la noche. Agarra el portafolio y va al cuarto de su hija de seis años, la besa y siente culpa porque juega igual que ella.
Maneja y la ciudad y los autos, putea y no es princesa. Pero, ese canillita tan morocho tan joven tan sonrisa dulce.
A veces llega a la oficina y como siempre ese chico nuevo tan lindo nunca tendría que haberlo tomado nuevo y es tan princesa.
Una vez un lunes el chico le sonríe y Carlos se siente más princesa que nunca. Ycomo otras veces solo en su baño limpio ahora está con él. Y aprovecha al mediodía cuando no hay nadie y el chico nuevo le trae un informe sobre los números del trimestre en las ventas de la región. Y Carlos se olvida porque esas no son cosas de princesa y lo mira y el chico no aunque sienta esa mano suave que lo roza en su entrepierna y entonces salte y mire a Carlos y se vea que no entiende a algunas princesas y Carlos se disculpe con una disculpa perdón pensé cabeza gacha disculpa.
Una vez Carlos pasa las horas que restan del día en su oficina y no baja a comer. Sale a la seis despavorido huyendo y la mirada del chico nuevo y maneja, hasta su casa con tristeza princesa triste princesa humillada tristeza. No ve ningún canillita..
A veces Carlos llega a su casa cuando no hay nadie, digamos a las ocho Sandra está con la nena en danza porque es miércoles o lunes ocho. Y corre desesperado al cajón de Sandra y busca una bombacha una roja o blanca o rosa princesa. A veces se la pone y se mira al espejo y sueña, con el chico nuevo porqué lo tomé nunca tendría que pero es tan lindo y esa sonrisa ojalá algún día la entrepierna esa entrepierna le queda tan bien ese traje ay ay ay nuevo. Y mira alrededor de la habitación ordenada tan perfecto el espejo la alfombra el cubrecama todo limpio salvo mi mano sucia ahora ordenada.
A veces llega a su casa y es princesa y siente culpa.
A veces, digamos que siempre los lunes, digamos que a veces los miércoles, Sandra llega a su casa con su hijita de danza. Carlos es mejor marido que nunca y encuentra el cajón del placard siempre revuelto. A veces duda y a veces sabe y prefiere no saber.
Una vez Carlos llega a su casa un lunes desesperado como siempre o más y busca el cajón de Sandra y agarra una bombacha y no llega a ponérsela y en el espejo ve como siempre una princesa pero ahora llora llanto bombacha en las rodillas llanto.
Una vez un lunes Sandra llega con su hijita y grita fuerte Carlos fuerte Carlos estás fuerte ya llegamos y entra al cuarto y llora una sola lágrima como la que tiene la princesa con bombacha rosa hasta las rodillas y silencio hijita no veas le pone la cabeza junto a su pierna ni bien la hijita entra al cuarto que le pasó a papá silencio y mira alrededor todo tan ordenado limpié hoy hasta Carlos con mi bombacha lo sabía en la rodilla parece combinar con los muebles ordenado, salvo las pastillas todas desperdigadas en la cama y en el piso y en el mueble el frasco nada parece alterar el orden de hoy a la mañana, ni siquiera la princesa sobre mi cama con mi bombacha en las rodillas.
A veces Carlos es princesa pero casi siempre se levanta temprano y Sandra está al lado. La besa, pero ella no lo mira y sigue durmiendo porque no trabaja. Desayuna, piensa en la oficina y se olvida que a veces se levanta a mitad de la noche. Agarra el portafolio y va al cuarto de su hija de seis años, la besa y siente culpa porque juega igual que ella.
Maneja y la ciudad y los autos, putea y no es princesa. Pero, ese canillita tan morocho tan joven tan sonrisa dulce.
A veces llega a la oficina y como siempre ese chico nuevo tan lindo nunca tendría que haberlo tomado nuevo y es tan princesa.
Una vez un lunes el chico le sonríe y Carlos se siente más princesa que nunca. Ycomo otras veces solo en su baño limpio ahora está con él. Y aprovecha al mediodía cuando no hay nadie y el chico nuevo le trae un informe sobre los números del trimestre en las ventas de la región. Y Carlos se olvida porque esas no son cosas de princesa y lo mira y el chico no aunque sienta esa mano suave que lo roza en su entrepierna y entonces salte y mire a Carlos y se vea que no entiende a algunas princesas y Carlos se disculpe con una disculpa perdón pensé cabeza gacha disculpa.
Una vez Carlos pasa las horas que restan del día en su oficina y no baja a comer. Sale a la seis despavorido huyendo y la mirada del chico nuevo y maneja, hasta su casa con tristeza princesa triste princesa humillada tristeza. No ve ningún canillita..
A veces Carlos llega a su casa cuando no hay nadie, digamos a las ocho Sandra está con la nena en danza porque es miércoles o lunes ocho. Y corre desesperado al cajón de Sandra y busca una bombacha una roja o blanca o rosa princesa. A veces se la pone y se mira al espejo y sueña, con el chico nuevo porqué lo tomé nunca tendría que pero es tan lindo y esa sonrisa ojalá algún día la entrepierna esa entrepierna le queda tan bien ese traje ay ay ay nuevo. Y mira alrededor de la habitación ordenada tan perfecto el espejo la alfombra el cubrecama todo limpio salvo mi mano sucia ahora ordenada.
A veces llega a su casa y es princesa y siente culpa.
A veces, digamos que siempre los lunes, digamos que a veces los miércoles, Sandra llega a su casa con su hijita de danza. Carlos es mejor marido que nunca y encuentra el cajón del placard siempre revuelto. A veces duda y a veces sabe y prefiere no saber.
Una vez Carlos llega a su casa un lunes desesperado como siempre o más y busca el cajón de Sandra y agarra una bombacha y no llega a ponérsela y en el espejo ve como siempre una princesa pero ahora llora llanto bombacha en las rodillas llanto.
Una vez un lunes Sandra llega con su hijita y grita fuerte Carlos fuerte Carlos estás fuerte ya llegamos y entra al cuarto y llora una sola lágrima como la que tiene la princesa con bombacha rosa hasta las rodillas y silencio hijita no veas le pone la cabeza junto a su pierna ni bien la hijita entra al cuarto que le pasó a papá silencio y mira alrededor todo tan ordenado limpié hoy hasta Carlos con mi bombacha lo sabía en la rodilla parece combinar con los muebles ordenado, salvo las pastillas todas desperdigadas en la cama y en el piso y en el mueble el frasco nada parece alterar el orden de hoy a la mañana, ni siquiera la princesa sobre mi cama con mi bombacha en las rodillas.
Notas de lectura sobre Piglia
Las muchas maneras de hacer un cuento
El texto de Piglia me resultó revelador. Me parece muy interesante para pensar la escritura del cuento, tener presente las dos historias que cuenta un relato como una guía, una forma de planear la escritura, de ordenar la acción.
Creo que ser consciente en la instancia de escritura de que un cuento cuenta dos historias es muy útil, se vuelve el as ganador en la manga del escritor.
La tesis de Piglia pone de manifiesto que el enigma no se da a partir de sembrar indicios sin dar una resolución futura, sino que es una consecuencia de la autoconciencia del autor la existencia de dos historias; en efecto, como en el caso de Hemingway y su teoría del iceberg, puede nunca contarse la segunda historia, sino darse por sentada, apelando a la elipsis, la omisión y la profundización de una sola historia, sobre la que la otra que no se cuenta ejerce presión; es un efecto muy parecido al uso de un recurso cinematográfico que se da partir de no mostrar el fuera de campo, cuando hay un espacio que no se muestra, un personaje que no aparece, una historia que se sugiere solo en forma latente, lo que se logra es justamente depositar todo le interés allí, en lo no contado, lo no dicho, dando lugar al espectador a que reponga esa historia, poniendo atención en ella y explotando así un gran potencial de carga simbólica.
El cuento clásico se puede decir que trabaja sobre la sorpresa del final epifánico, que aparece por último como lo inesperado: la segunda historia viene a resignificar la primera. En cambio la forma moderna del cuento trabaja el suspenso, articula las dos historias desde el comienzo trabajando sobre la tensión entre ellas, haciendo partícipe al lector desde el vamos del juego del relato. El relato aparece desnudo y que funcione o no depende de la dosificación y relaciones que el autor establezca entre las dos historias; algo pende de un hilo, está por caer en cualquier momento y esa tensión se muestra al lector provocando el interés hasta el final.
En fin, la tesis sobre le cuento es (para quienes como yo se acercan a la literatura más que como simples lectores ávidos de escuchar y nos interesa además el detrás de escena del relato) una muy útil, práctica y clara forma de acercarnos a las formas de estructura paradigmáticas del género del cuento.
El texto de Piglia me resultó revelador. Me parece muy interesante para pensar la escritura del cuento, tener presente las dos historias que cuenta un relato como una guía, una forma de planear la escritura, de ordenar la acción.
Creo que ser consciente en la instancia de escritura de que un cuento cuenta dos historias es muy útil, se vuelve el as ganador en la manga del escritor.
La tesis de Piglia pone de manifiesto que el enigma no se da a partir de sembrar indicios sin dar una resolución futura, sino que es una consecuencia de la autoconciencia del autor la existencia de dos historias; en efecto, como en el caso de Hemingway y su teoría del iceberg, puede nunca contarse la segunda historia, sino darse por sentada, apelando a la elipsis, la omisión y la profundización de una sola historia, sobre la que la otra que no se cuenta ejerce presión; es un efecto muy parecido al uso de un recurso cinematográfico que se da partir de no mostrar el fuera de campo, cuando hay un espacio que no se muestra, un personaje que no aparece, una historia que se sugiere solo en forma latente, lo que se logra es justamente depositar todo le interés allí, en lo no contado, lo no dicho, dando lugar al espectador a que reponga esa historia, poniendo atención en ella y explotando así un gran potencial de carga simbólica.
El cuento clásico se puede decir que trabaja sobre la sorpresa del final epifánico, que aparece por último como lo inesperado: la segunda historia viene a resignificar la primera. En cambio la forma moderna del cuento trabaja el suspenso, articula las dos historias desde el comienzo trabajando sobre la tensión entre ellas, haciendo partícipe al lector desde el vamos del juego del relato. El relato aparece desnudo y que funcione o no depende de la dosificación y relaciones que el autor establezca entre las dos historias; algo pende de un hilo, está por caer en cualquier momento y esa tensión se muestra al lector provocando el interés hasta el final.
En fin, la tesis sobre le cuento es (para quienes como yo se acercan a la literatura más que como simples lectores ávidos de escuchar y nos interesa además el detrás de escena del relato) una muy útil, práctica y clara forma de acercarnos a las formas de estructura paradigmáticas del género del cuento.
Mi viaje
Hay tantos tipos de viajes como hombres en la tierra y en el mar. Hay viajes que empiezan simplemente por el deseo de viajar y conocer nuevos lugares, hay viajes impulsados por el encuentro de alguien que nos espera (o no) en aquel lugar, hay otros que se hacen por una necesidad, médica por ejemplo, y hay viajes en los que se va a buscar aquello que nuestro lugar ya no puede ofrecernos.
Y así como todo viaje empieza, no todos lo viajes terminan.
El mío tiene que ver con esto último: soy un viajero en tránsito.
¿Por dónde empiezo?
Empiezo el viaje con poco, casi nada, llevá lo básico Lisandro, dice mi vieja, medio triste aunque intente disimular, la ropa de invierno nomás, yo la miro y se acerca y me abraza largo. Ropa llevo poca, pero libros y discos todos, pienso que probablemente no tenga tiempo entre la cursada y el estudio pero no me importa, el vicio de coleccionista es más fuerte y sigo metiéndolos en la valija, mi fetiche pasa por mis discos y mis libros, el capital que más me interesa acumular, el único. Que buenas las disquerías y librerías de Buenos Aires, encontrás de todo, ya estoy planeando tardes enteras revolviendo estanterías y bateas, hay música que acá es imposible de encontrar, Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires como dice mi vieja. Pienso que la voy a extrañar, pero todavía no lo siento, estoy demasiado ansioso y contento con el viaje. Mi viejo no dice nada, en cambio me habla de fútbol, de política y de religión como queriendo amortizar retroactivamente todas las conversaciones que ya no vamos a tener, me hace chistes, dice que me cuide de las porteñas, sonríe y a mí me pone triste, le doy una palmada en el hombro como queriendo decirle va estar todo bien viejo y siento el corazón que le late denso en todo el cuerpo hasta en los hombros. Debe estar medio triste mi viejo para que el corazón le lata así y para que ese latido se escuche por encima de Horcas, que suena desde mi cuarto cerrado; mi hermana ahora escucha metal, pelea con mi vieja, mi viejo y conmigo también, cambió todo el guardarropas de color por ropa negra nada más, debe ser que tiene trece años; admiro su rebeldía, envidio su rebeldía también, yo nunca me animé, siempre fui más formal y parecí más cortés.
Empiezo el viaje cerca del destino, a tres horas nada más, todo empieza acá, en Gualeguay, donde vivo desde hace diecisiete años, desde siempre, el colectivo me va a dejar en Buenos Aires, pero no sé si mi viaje termina ahí, intuyo que va a seguir aún cuando ya esté viviendo allá. Están todos, mis amigos que se quedan y los que se van a otras ciudades, mis tías, mi tío, mi vieja, mi viejo, mi hermana, yo me alejo y el maletero me acomoda el equipaje, le doy una moneda de un peso gracias y vuelvo con ellos para tenerlos unos minutos más.
Empiezo el viaje a un metro del piso, los veo a todos desde arriba, sonríen a medias, mi mamá me hace señas con las manos, quiere que la llame cuando llegue. Voy a llegar bien, voy a estar bien. Siempre supe que quería irme a estudiar a Buenos Aires desde chico, nunca supe bien qué, pero es lo de menos pienso, y pienso en la gente que voy a conocer, en los libros que voy a tener que estudiar, en los fines de semana que no voy a poder venir para acá, en que me van a extrañar, me siento culpable por no pensar lo mismo, por estar más ansioso que triste, mi hermana me hace muchas señas y ahora sí me pongo triste, me va a doler no verla crecer de cerca, todos los días, conformarme con verla un poco más grande en cada viaje. Yo también voy a crecer. Mi viaje a un metro del suelo se empieza a mover, los veo cada vez más chiquitos, los veo correr el colectivo, los veo mover las manos alto, ya no los veo.
Empiezo mi viaje. Ruta, campo, peaje, mate, viaje, viajar, estar viajando, ciudad, ciudades, luces, gris, calles, gente, de Gualeguay que conozco, de otras ciudades por conocer, amigos, de antes que ya no veo, de ahora que tengo miedo de no ver más, nuevos, chicas, chicos, libros, mates, bizcochitos, apuntes, tardes estudiando, solo, acompañado ¿cómo serán los chicos de la pensión? son del interior también, tienen que ser copados ¿me ayudarán? ¿me guiaré en la ciudad? ¿tomo café o mejor jugo? mejor no, me duele la panza deben ser los nervios, ¿viajaré seguido a Gualeguay? ya fue tomo café hace frío ¿porque prenden siempre el aire así de fuerte? afuera debe estar bien el clima ¿como estará en Buenos Aires? no traje paraguas pero seguramente no llueve es muy parecido a Gualeguay, no tendría que haber tomado café son los nervios, mejor escucho música I´m so happy ´cause today I found my friends I´m so ha- mejor leo ¿porque me compré este libro? voy a ir al baño deben ser los nervios, callen a ese bebé ¿porque viajan con chicos tan chicos? parezco un viejo deben ser los nervios, containers rojos verdes, grúas óxido, ¿será el puerto? sí, autos muchos edificios colectivos colectivos auto, gendarme gendarme gendarmes, cola de colectivos, anden 44, gente chico chica señor señora, bajo ultimo ¿tengo monedas? sí acá me quedó una tengo más en la mochila, le doy el ticket y la moneda me da la valija gracias de nada, camino, gente, camino ¿cuál me tengo que tomar? aquel, parada, otro flaco con muchas mochilas nos escudriñamos serios debe venir a estudiar también.
Empiezo mi viaje en Retiro, medio cargado de valijas, medio perdido entre la gente, Retiro es feo y espero el colectivo, dejo pasar a una, dos, tres mujeres que estaban atrás mío en la cola, hago malabares y subo.
Empiezo mi viaje y la maquinita me dice que indique mi destino, yo que sé espero que sea bueno, pienso, y me río, el chofer me mira por el espejo como diciendo apurate boludo, y yo le digo que voy hasta Corrientes y Pueyrredón que si le puedo pagar con un billete que cuánto tiempo tarda en llegar que si tengo que tocar timbre que si me puede avisar que me disculpe que soy del interior, él me mira con la misma cara que antes y me dice que es con monedas nene sale ochenta, es mi bienvenida a Buenos Aires. Estoy contento igual.
Empiezo mi via
Y así como todo viaje empieza, no todos lo viajes terminan.
El mío tiene que ver con esto último: soy un viajero en tránsito.
¿Por dónde empiezo?
Empiezo el viaje con poco, casi nada, llevá lo básico Lisandro, dice mi vieja, medio triste aunque intente disimular, la ropa de invierno nomás, yo la miro y se acerca y me abraza largo. Ropa llevo poca, pero libros y discos todos, pienso que probablemente no tenga tiempo entre la cursada y el estudio pero no me importa, el vicio de coleccionista es más fuerte y sigo metiéndolos en la valija, mi fetiche pasa por mis discos y mis libros, el capital que más me interesa acumular, el único. Que buenas las disquerías y librerías de Buenos Aires, encontrás de todo, ya estoy planeando tardes enteras revolviendo estanterías y bateas, hay música que acá es imposible de encontrar, Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires como dice mi vieja. Pienso que la voy a extrañar, pero todavía no lo siento, estoy demasiado ansioso y contento con el viaje. Mi viejo no dice nada, en cambio me habla de fútbol, de política y de religión como queriendo amortizar retroactivamente todas las conversaciones que ya no vamos a tener, me hace chistes, dice que me cuide de las porteñas, sonríe y a mí me pone triste, le doy una palmada en el hombro como queriendo decirle va estar todo bien viejo y siento el corazón que le late denso en todo el cuerpo hasta en los hombros. Debe estar medio triste mi viejo para que el corazón le lata así y para que ese latido se escuche por encima de Horcas, que suena desde mi cuarto cerrado; mi hermana ahora escucha metal, pelea con mi vieja, mi viejo y conmigo también, cambió todo el guardarropas de color por ropa negra nada más, debe ser que tiene trece años; admiro su rebeldía, envidio su rebeldía también, yo nunca me animé, siempre fui más formal y parecí más cortés.
Empiezo el viaje cerca del destino, a tres horas nada más, todo empieza acá, en Gualeguay, donde vivo desde hace diecisiete años, desde siempre, el colectivo me va a dejar en Buenos Aires, pero no sé si mi viaje termina ahí, intuyo que va a seguir aún cuando ya esté viviendo allá. Están todos, mis amigos que se quedan y los que se van a otras ciudades, mis tías, mi tío, mi vieja, mi viejo, mi hermana, yo me alejo y el maletero me acomoda el equipaje, le doy una moneda de un peso gracias y vuelvo con ellos para tenerlos unos minutos más.
Empiezo el viaje a un metro del piso, los veo a todos desde arriba, sonríen a medias, mi mamá me hace señas con las manos, quiere que la llame cuando llegue. Voy a llegar bien, voy a estar bien. Siempre supe que quería irme a estudiar a Buenos Aires desde chico, nunca supe bien qué, pero es lo de menos pienso, y pienso en la gente que voy a conocer, en los libros que voy a tener que estudiar, en los fines de semana que no voy a poder venir para acá, en que me van a extrañar, me siento culpable por no pensar lo mismo, por estar más ansioso que triste, mi hermana me hace muchas señas y ahora sí me pongo triste, me va a doler no verla crecer de cerca, todos los días, conformarme con verla un poco más grande en cada viaje. Yo también voy a crecer. Mi viaje a un metro del suelo se empieza a mover, los veo cada vez más chiquitos, los veo correr el colectivo, los veo mover las manos alto, ya no los veo.
Empiezo mi viaje. Ruta, campo, peaje, mate, viaje, viajar, estar viajando, ciudad, ciudades, luces, gris, calles, gente, de Gualeguay que conozco, de otras ciudades por conocer, amigos, de antes que ya no veo, de ahora que tengo miedo de no ver más, nuevos, chicas, chicos, libros, mates, bizcochitos, apuntes, tardes estudiando, solo, acompañado ¿cómo serán los chicos de la pensión? son del interior también, tienen que ser copados ¿me ayudarán? ¿me guiaré en la ciudad? ¿tomo café o mejor jugo? mejor no, me duele la panza deben ser los nervios, ¿viajaré seguido a Gualeguay? ya fue tomo café hace frío ¿porque prenden siempre el aire así de fuerte? afuera debe estar bien el clima ¿como estará en Buenos Aires? no traje paraguas pero seguramente no llueve es muy parecido a Gualeguay, no tendría que haber tomado café son los nervios, mejor escucho música I´m so happy ´cause today I found my friends I´m so ha- mejor leo ¿porque me compré este libro? voy a ir al baño deben ser los nervios, callen a ese bebé ¿porque viajan con chicos tan chicos? parezco un viejo deben ser los nervios, containers rojos verdes, grúas óxido, ¿será el puerto? sí, autos muchos edificios colectivos colectivos auto, gendarme gendarme gendarmes, cola de colectivos, anden 44, gente chico chica señor señora, bajo ultimo ¿tengo monedas? sí acá me quedó una tengo más en la mochila, le doy el ticket y la moneda me da la valija gracias de nada, camino, gente, camino ¿cuál me tengo que tomar? aquel, parada, otro flaco con muchas mochilas nos escudriñamos serios debe venir a estudiar también.
Empiezo mi viaje en Retiro, medio cargado de valijas, medio perdido entre la gente, Retiro es feo y espero el colectivo, dejo pasar a una, dos, tres mujeres que estaban atrás mío en la cola, hago malabares y subo.
Empiezo mi viaje y la maquinita me dice que indique mi destino, yo que sé espero que sea bueno, pienso, y me río, el chofer me mira por el espejo como diciendo apurate boludo, y yo le digo que voy hasta Corrientes y Pueyrredón que si le puedo pagar con un billete que cuánto tiempo tarda en llegar que si tengo que tocar timbre que si me puede avisar que me disculpe que soy del interior, él me mira con la misma cara que antes y me dice que es con monedas nene sale ochenta, es mi bienvenida a Buenos Aires. Estoy contento igual.
Empiezo mi via
Río arriba para mí
Río arriba es a la vez documental y cuento -si lo pensamos desde el punto de vista de Piglia en Tesis sobre el cuento- contados a través de una viaje.
Es una viaje que cuenta dos historias; la primera que se nos aparece es la del director, Ulises De la Orden, que emprende su viaje desde el cemento de Buenos Aires en busca de la naturaleza de los paisajes maravillosos que conoce desde chico y a los que no vuelve hace veinte años.
Este viaje es la búsqueda de su historia familiar, la de su abuelo Manuel que allá por 1922 bajó del barco y se fue hacia Iruya, para trabajar el ingenio azucarero San Pedro y así asegurar el progreso de toda su descendencia.
Ulises busca así también en parte su propia historia.
Pero a lo largo del viaje que hace, y que hacemos nosotros también, vamos descubriendo la otra historia, la que subyace en este viaje de búsqueda, la que hizo posible la vida cómoda de los herederos de Don Manuel; vamos descubriendo que ese progreso está hecho del sacrifico de toda una comunidad indígena que fue explotada por los muchos ingenios que se pusieron en marcha a principios de siglo.
La comunidad kolla vivía hasta principios del siglo XX en forma autónoma, dependiendo solamente de sus propios cultivos, hasta que les fueron expropiadas las tierras en manos de arrendatarios, inmigrantes recién llegados de Europa, que los obligaron a trabajar en sus ingenios, endeudándolos en arrendamiento; así los indígenas se vieron forzosamente obligados a pagar con lo único que tenían: su fuerza de trabajo.
Los que no accedían “desaparecían” en el paisaje. Sin duda que ese hermoso paisaje que vemos y deseamos visitar toma otra importancia al ser conscientes de los secretos de años de explotación que guarda en sus silencios y sus ruidos salvajes; si ahora lo visitamos, después de ver la película, va a ser seguramente diferente.
Ulises comienza, entonces, la búsqueda de sus historia a partir de la de su abuelo, pero en el camino se encuentra con otra historia, la que realmente hizo que la suya sea hoy la que es y no otra.
Esta historia, la otra, la que nunca le contaron, la reconstruye con fotos, imágenes y los testimonios de gente de la comunidad kolla, que insiste en mantener viva su tradición, sus costumbres, su respeto por la naturaleza, sus fiestas, a pesar de los intentos de aquellos explotadores.
Para Ulises y su historia la de estos indígenas permanecía oculta, pero para ellos era bien conocida la historia de su abuelo, y la cuentan sus anécdotas, su resistencia, sus caras cansadas.
Para que el cuento tenga sino un final feliz por lo menos justo, es necesario que se reconozca el derecho a sus tierras a esta comunidad indígena y que se haga todo lo posible por ayudarlos a mantener su cultura y su historia, sólo una ayuda, porque ellos de su parte han demostrado haber hecho más de lo que podían.
Es una viaje que cuenta dos historias; la primera que se nos aparece es la del director, Ulises De la Orden, que emprende su viaje desde el cemento de Buenos Aires en busca de la naturaleza de los paisajes maravillosos que conoce desde chico y a los que no vuelve hace veinte años.
Este viaje es la búsqueda de su historia familiar, la de su abuelo Manuel que allá por 1922 bajó del barco y se fue hacia Iruya, para trabajar el ingenio azucarero San Pedro y así asegurar el progreso de toda su descendencia.
Ulises busca así también en parte su propia historia.
Pero a lo largo del viaje que hace, y que hacemos nosotros también, vamos descubriendo la otra historia, la que subyace en este viaje de búsqueda, la que hizo posible la vida cómoda de los herederos de Don Manuel; vamos descubriendo que ese progreso está hecho del sacrifico de toda una comunidad indígena que fue explotada por los muchos ingenios que se pusieron en marcha a principios de siglo.
La comunidad kolla vivía hasta principios del siglo XX en forma autónoma, dependiendo solamente de sus propios cultivos, hasta que les fueron expropiadas las tierras en manos de arrendatarios, inmigrantes recién llegados de Europa, que los obligaron a trabajar en sus ingenios, endeudándolos en arrendamiento; así los indígenas se vieron forzosamente obligados a pagar con lo único que tenían: su fuerza de trabajo.
Los que no accedían “desaparecían” en el paisaje. Sin duda que ese hermoso paisaje que vemos y deseamos visitar toma otra importancia al ser conscientes de los secretos de años de explotación que guarda en sus silencios y sus ruidos salvajes; si ahora lo visitamos, después de ver la película, va a ser seguramente diferente.
Ulises comienza, entonces, la búsqueda de sus historia a partir de la de su abuelo, pero en el camino se encuentra con otra historia, la que realmente hizo que la suya sea hoy la que es y no otra.
Esta historia, la otra, la que nunca le contaron, la reconstruye con fotos, imágenes y los testimonios de gente de la comunidad kolla, que insiste en mantener viva su tradición, sus costumbres, su respeto por la naturaleza, sus fiestas, a pesar de los intentos de aquellos explotadores.
Para Ulises y su historia la de estos indígenas permanecía oculta, pero para ellos era bien conocida la historia de su abuelo, y la cuentan sus anécdotas, su resistencia, sus caras cansadas.
Para que el cuento tenga sino un final feliz por lo menos justo, es necesario que se reconozca el derecho a sus tierras a esta comunidad indígena y que se haga todo lo posible por ayudarlos a mantener su cultura y su historia, sólo una ayuda, porque ellos de su parte han demostrado haber hecho más de lo que podían.
Trabajo de inclusión
Un lugar llamado Neo.
Nunca se me había ocurrido pensar en un lugar así. En mis quince años como astronauta encontrarme con esto es lo que menos esperaba, mucho menos después de lo que pasó.
El límite de mi imaginación llegaba hasta el suelo rojizo de Marte. Hasta hace un mes; que conocí esta tierra de color lila, un violeta como suavizado por las lluvias que se suceden una tras otras sin posibilidad de preverlas. De repente ese sol tan cercano se apaga en un segundo y el agua cae, como un aluvión de balas frías.
De algún modo me gusta sentir los golpes de esas lluvias; es un indicio de que estoy vivo; en un lugar que aún no logro descifrar, de algún modo, existo.
Cuando escuché el comienzo de la explosión de la nave cerré los ojos esperando la muerte; pero la muerte no llegó, creo. En cambio aparecí acá, de la nada en el medio de una especie de desierto, caminé por días enteros hasta llegar a la ciudad, una civilización moderna, como nunca imagine.
Los edificios son enormes, cada uno es una ciudad, la gente rara vez sale de ahí, lo tienen todo, centros comerciales, centros médicos, todo.
Todo en la ciudad es sobrio, no hay carteles, no hay contaminación sonora, todo es silencio.
Cuando llegué a uno de estos edificios, me desmayé, casi agonizando de sed y hambre, agotado por los días de caminar en la nada, perdido en la inmensidad de esta civilización nueva.
Me alojaron en una especie de clínica.
Todos me miran como un bicho raro, no entiendo que me ven, soy igual a ellos.
La comida que me dan es la misma a la que estoy acostumbrado, pizza, carne, pastas, frituras, aunque veo que los ayudantes de los médicos se asombran cuando como; se juntan todos detrás de un vidrio y me ven comer, a veces se miran entre ellos y se ríen; no entiendo que les parece tan raro.
Los doctores hablan conmigo, pero no los enfermeros, ni los asistentes, cuando intento una conversación me entienden, hacen lo que yo les pido, pero cuando intentan hablar no pueden articular las palabras y solo emiten sonidos guturales, como una persona sordomuda. Uno de ellos me sorprendió cuando estaba a punto de pedirle que me trajera un vaso de agua, no alcancé a pronunciar ninguna palabra cuando él se fue y, volvió con el vaso de agua; cuando lo mire notó mi cara de sorpresa y se puso nervioso.
Dentro de una hora van a someterme a un estudio me dijo el doctor. Cuando le pregunto que estudio, me dice que es por mi bien, que voy a ayudar a la ciencia; a qué ciencia, le digo yo; y él me mira y sonríe, para más tarde decirme: a la suya, a la de su descendencia, ellos se lo van a agradecer.
Nunca se me había ocurrido pensar en un lugar así. En mis quince años como astronauta encontrarme con esto es lo que menos esperaba, mucho menos después de lo que pasó.
El límite de mi imaginación llegaba hasta el suelo rojizo de Marte. Hasta hace un mes; que conocí esta tierra de color lila, un violeta como suavizado por las lluvias que se suceden una tras otras sin posibilidad de preverlas. De repente ese sol tan cercano se apaga en un segundo y el agua cae, como un aluvión de balas frías.
De algún modo me gusta sentir los golpes de esas lluvias; es un indicio de que estoy vivo; en un lugar que aún no logro descifrar, de algún modo, existo.
Cuando escuché el comienzo de la explosión de la nave cerré los ojos esperando la muerte; pero la muerte no llegó, creo. En cambio aparecí acá, de la nada en el medio de una especie de desierto, caminé por días enteros hasta llegar a la ciudad, una civilización moderna, como nunca imagine.
Los edificios son enormes, cada uno es una ciudad, la gente rara vez sale de ahí, lo tienen todo, centros comerciales, centros médicos, todo.
Todo en la ciudad es sobrio, no hay carteles, no hay contaminación sonora, todo es silencio.
Cuando llegué a uno de estos edificios, me desmayé, casi agonizando de sed y hambre, agotado por los días de caminar en la nada, perdido en la inmensidad de esta civilización nueva.
Me alojaron en una especie de clínica.
Todos me miran como un bicho raro, no entiendo que me ven, soy igual a ellos.
La comida que me dan es la misma a la que estoy acostumbrado, pizza, carne, pastas, frituras, aunque veo que los ayudantes de los médicos se asombran cuando como; se juntan todos detrás de un vidrio y me ven comer, a veces se miran entre ellos y se ríen; no entiendo que les parece tan raro.
Los doctores hablan conmigo, pero no los enfermeros, ni los asistentes, cuando intento una conversación me entienden, hacen lo que yo les pido, pero cuando intentan hablar no pueden articular las palabras y solo emiten sonidos guturales, como una persona sordomuda. Uno de ellos me sorprendió cuando estaba a punto de pedirle que me trajera un vaso de agua, no alcancé a pronunciar ninguna palabra cuando él se fue y, volvió con el vaso de agua; cuando lo mire notó mi cara de sorpresa y se puso nervioso.
Dentro de una hora van a someterme a un estudio me dijo el doctor. Cuando le pregunto que estudio, me dice que es por mi bien, que voy a ayudar a la ciencia; a qué ciencia, le digo yo; y él me mira y sonríe, para más tarde decirme: a la suya, a la de su descendencia, ellos se lo van a agradecer.
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