miércoles, 14 de abril de 2010

Notas de lectura sobre Campbell

Muerte y resurrección

En su texto Joseph Campbell intenta desandar el camino del héroe.
Nos habla de cómo en todas las culturas, en diferentes tiempos y lugares, se repiten las mismas historias: el camino del héroe es retomado en diversos relatos, el mito mantiene viva la eficacia en la magia y el encantamiento que generan en quienes viven y escuchan los relatos mitológicos.
La forma que sigue este tipo de relatos es la magnificación de la fórmula representada en los ritos de iniciación: separación-iniciación-retorno.
El héroe es llamado a la aventura, traspasa el umbral de lo cotidiano hacia lo desconocido, es puesto a prueba, se enfrenta a fuerzas opositoras a la vez que elementos y personas lo ayudan a superar la pruebas y luego de la experiencia sufre una transformación, muere una parte de sí, para renacer transformado en la sabiduría de la experiencia, finalmente retoma el camino hacia su hogar para transmitir lo aprendido en su entorno.
Esta estructura está presente en cuentos de hadas, en los relatos bíblicos y los de otras tanta religiones. El camino del héroe fue transitado por Moisés, Buda, Jasón, y miles de héroes de otras culturas y personajes de la literatura universal.
En la época actual se carece de una mitología general efectiva, pero sin embargo el mito sigue siendo necesario para entender y abordar los misterios de la existencia. Así, el hombre moderno se hizo de su propio panteón de héroes y llena sus sueños personales y privados de caminos a descifrar, de formas mitológicas encarnadas en él mismo y sus sentimientos singulares, como apelando a la memoria ancestral sedimentada en las formas mitológicas.
Se busca y se retorna una y otra vez al mito para suplir los símbolos que hacen avanzar el espíritu, contrarrestando las fantasías que atan al hombre al pasado.
El mito es la forma simbólica superadora de los conflictos que el hombre arrastra desde la niñez, el mito simboliza la transformación, traza un camino que hace que lo desconocido sea familiar, el hombre se piensa y se supera a través de él.

Notas de lectura sobre Piglia

Las muchas maneras de hacer un cuento

El texto de Piglia me resultó revelador. Me parece muy interesante para pensar la escritura del cuento, tener presente las dos historias que cuenta un relato como una guía, una forma de planear la escritura, de ordenar la acción.
Creo que ser consciente en la instancia de escritura de que un cuento cuenta dos historias es muy útil, se vuelve el as ganador en la manga del escritor.
La tesis de Piglia pone de manifiesto que el enigma no se da a partir de sembrar indicios sin dar una resolución futura, sino que es una consecuencia de la autoconciencia del autor la existencia de dos historias; en efecto, como en el caso de Hemingway y su teoría del iceberg, puede nunca contarse la segunda historia, sino darse por sentada, apelando a la elipsis, la omisión y la profundización de una sola historia, sobre la que la otra que no se cuenta ejerce presión; es un efecto muy parecido al uso de un recurso cinematográfico que se da partir de no mostrar el fuera de campo, cuando hay un espacio que no se muestra, un personaje que no aparece, una historia que se sugiere solo en forma latente, lo que se logra es justamente depositar todo le interés allí, en lo no contado, lo no dicho, dando lugar al espectador a que reponga esa historia, poniendo atención en ella y explotando así un gran potencial de carga simbólica.
El cuento clásico se puede decir que trabaja sobre la sorpresa del final epifánico, que aparece por último como lo inesperado: la segunda historia viene a resignificar la primera. En cambio la forma moderna del cuento trabaja el suspenso, articula las dos historias desde el comienzo trabajando sobre la tensión entre ellas, haciendo partícipe al lector desde el vamos del juego del relato. El relato aparece desnudo y que funcione o no depende de la dosificación y relaciones que el autor establezca entre las dos historias; algo pende de un hilo, está por caer en cualquier momento y esa tensión se muestra al lector provocando el interés hasta el final.
En fin, la tesis sobre le cuento es (para quienes como yo se acercan a la literatura más que como simples lectores ávidos de escuchar y nos interesa además el detrás de escena del relato) una muy útil, práctica y clara forma de acercarnos a las formas de estructura paradigmáticas del género del cuento.

Mi viaje

Hay tantos tipos de viajes como hombres en la tierra y en el mar. Hay viajes que empiezan simplemente por el deseo de viajar y conocer nuevos lugares, hay viajes impulsados por el encuentro de alguien que nos espera (o no) en aquel lugar, hay otros que se hacen por una necesidad, médica por ejemplo, y hay viajes en los que se va a buscar aquello que nuestro lugar ya no puede ofrecernos.
Y así como todo viaje empieza, no todos lo viajes terminan.
El mío tiene que ver con esto último: soy un viajero en tránsito.

¿Por dónde empiezo?

Empiezo el viaje con poco, casi nada, llevá lo básico Lisandro, dice mi vieja, medio triste aunque intente disimular, la ropa de invierno nomás, yo la miro y se acerca y me abraza largo. Ropa llevo poca, pero libros y discos todos, pienso que probablemente no tenga tiempo entre la cursada y el estudio pero no me importa, el vicio de coleccionista es más fuerte y sigo metiéndolos en la valija, mi fetiche pasa por mis discos y mis libros, el capital que más me interesa acumular, el único. Que buenas las disquerías y librerías de Buenos Aires, encontrás de todo, ya estoy planeando tardes enteras revolviendo estanterías y bateas, hay música que acá es imposible de encontrar, Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires como dice mi vieja. Pienso que la voy a extrañar, pero todavía no lo siento, estoy demasiado ansioso y contento con el viaje. Mi viejo no dice nada, en cambio me habla de fútbol, de política y de religión como queriendo amortizar retroactivamente todas las conversaciones que ya no vamos a tener, me hace chistes, dice que me cuide de las porteñas, sonríe y a mí me pone triste, le doy una palmada en el hombro como queriendo decirle va estar todo bien viejo y siento el corazón que le late denso en todo el cuerpo hasta en los hombros. Debe estar medio triste mi viejo para que el corazón le lata así y para que ese latido se escuche por encima de Horcas, que suena desde mi cuarto cerrado; mi hermana ahora escucha metal, pelea con mi vieja, mi viejo y conmigo también, cambió todo el guardarropas de color por ropa negra nada más, debe ser que tiene trece años; admiro su rebeldía, envidio su rebeldía también, yo nunca me animé, siempre fui más formal y parecí más cortés.
Empiezo el viaje cerca del destino, a tres horas nada más, todo empieza acá, en Gualeguay, donde vivo desde hace diecisiete años, desde siempre, el colectivo me va a dejar en Buenos Aires, pero no sé si mi viaje termina ahí, intuyo que va a seguir aún cuando ya esté viviendo allá. Están todos, mis amigos que se quedan y los que se van a otras ciudades, mis tías, mi tío, mi vieja, mi viejo, mi hermana, yo me alejo y el maletero me acomoda el equipaje, le doy una moneda de un peso gracias y vuelvo con ellos para tenerlos unos minutos más.
Empiezo el viaje a un metro del piso, los veo a todos desde arriba, sonríen a medias, mi mamá me hace señas con las manos, quiere que la llame cuando llegue. Voy a llegar bien, voy a estar bien. Siempre supe que quería irme a estudiar a Buenos Aires desde chico, nunca supe bien qué, pero es lo de menos pienso, y pienso en la gente que voy a conocer, en los libros que voy a tener que estudiar, en los fines de semana que no voy a poder venir para acá, en que me van a extrañar, me siento culpable por no pensar lo mismo, por estar más ansioso que triste, mi hermana me hace muchas señas y ahora sí me pongo triste, me va a doler no verla crecer de cerca, todos los días, conformarme con verla un poco más grande en cada viaje. Yo también voy a crecer. Mi viaje a un metro del suelo se empieza a mover, los veo cada vez más chiquitos, los veo correr el colectivo, los veo mover las manos alto, ya no los veo.
Empiezo mi viaje. Ruta, campo, peaje, mate, viaje, viajar, estar viajando, ciudad, ciudades, luces, gris, calles, gente, de Gualeguay que conozco, de otras ciudades por conocer, amigos, de antes que ya no veo, de ahora que tengo miedo de no ver más, nuevos, chicas, chicos, libros, mates, bizcochitos, apuntes, tardes estudiando, solo, acompañado ¿cómo serán los chicos de la pensión? son del interior también, tienen que ser copados ¿me ayudarán? ¿me guiaré en la ciudad? ¿tomo café o mejor jugo? mejor no, me duele la panza deben ser los nervios, ¿viajaré seguido a Gualeguay? ya fue tomo café hace frío ¿porque prenden siempre el aire así de fuerte? afuera debe estar bien el clima ¿como estará en Buenos Aires? no traje paraguas pero seguramente no llueve es muy parecido a Gualeguay, no tendría que haber tomado café son los nervios, mejor escucho música I´m so happy ´cause today I found my friends I´m so ha- mejor leo ¿porque me compré este libro? voy a ir al baño deben ser los nervios, callen a ese bebé ¿porque viajan con chicos tan chicos? parezco un viejo deben ser los nervios, containers rojos verdes, grúas óxido, ¿será el puerto? sí, autos muchos edificios colectivos colectivos auto, gendarme gendarme gendarmes, cola de colectivos, anden 44, gente chico chica señor señora, bajo ultimo ¿tengo monedas? sí acá me quedó una tengo más en la mochila, le doy el ticket y la moneda me da la valija gracias de nada, camino, gente, camino ¿cuál me tengo que tomar? aquel, parada, otro flaco con muchas mochilas nos escudriñamos serios debe venir a estudiar también.
Empiezo mi viaje en Retiro, medio cargado de valijas, medio perdido entre la gente, Retiro es feo y espero el colectivo, dejo pasar a una, dos, tres mujeres que estaban atrás mío en la cola, hago malabares y subo.
Empiezo mi viaje y la maquinita me dice que indique mi destino, yo que sé espero que sea bueno, pienso, y me río, el chofer me mira por el espejo como diciendo apurate boludo, y yo le digo que voy hasta Corrientes y Pueyrredón que si le puedo pagar con un billete que cuánto tiempo tarda en llegar que si tengo que tocar timbre que si me puede avisar que me disculpe que soy del interior, él me mira con la misma cara que antes y me dice que es con monedas nene sale ochenta, es mi bienvenida a Buenos Aires. Estoy contento igual.
Empiezo mi via

Río arriba para mí

Río arriba es a la vez documental y cuento -si lo pensamos desde el punto de vista de Piglia en Tesis sobre el cuento- contados a través de una viaje.
Es una viaje que cuenta dos historias; la primera que se nos aparece es la del director, Ulises De la Orden, que emprende su viaje desde el cemento de Buenos Aires en busca de la naturaleza de los paisajes maravillosos que conoce desde chico y a los que no vuelve hace veinte años.
Este viaje es la búsqueda de su historia familiar, la de su abuelo Manuel que allá por 1922 bajó del barco y se fue hacia Iruya, para trabajar el ingenio azucarero San Pedro y así asegurar el progreso de toda su descendencia.
Ulises busca así también en parte su propia historia.
Pero a lo largo del viaje que hace, y que hacemos nosotros también, vamos descubriendo la otra historia, la que subyace en este viaje de búsqueda, la que hizo posible la vida cómoda de los herederos de Don Manuel; vamos descubriendo que ese progreso está hecho del sacrifico de toda una comunidad indígena que fue explotada por los muchos ingenios que se pusieron en marcha a principios de siglo.
La comunidad kolla vivía hasta principios del siglo XX en forma autónoma, dependiendo solamente de sus propios cultivos, hasta que les fueron expropiadas las tierras en manos de arrendatarios, inmigrantes recién llegados de Europa, que los obligaron a trabajar en sus ingenios, endeudándolos en arrendamiento; así los indígenas se vieron forzosamente obligados a pagar con lo único que tenían: su fuerza de trabajo.
Los que no accedían “desaparecían” en el paisaje. Sin duda que ese hermoso paisaje que vemos y deseamos visitar toma otra importancia al ser conscientes de los secretos de años de explotación que guarda en sus silencios y sus ruidos salvajes; si ahora lo visitamos, después de ver la película, va a ser seguramente diferente.
Ulises comienza, entonces, la búsqueda de sus historia a partir de la de su abuelo, pero en el camino se encuentra con otra historia, la que realmente hizo que la suya sea hoy la que es y no otra.
Esta historia, la otra, la que nunca le contaron, la reconstruye con fotos, imágenes y los testimonios de gente de la comunidad kolla, que insiste en mantener viva su tradición, sus costumbres, su respeto por la naturaleza, sus fiestas, a pesar de los intentos de aquellos explotadores.
Para Ulises y su historia la de estos indígenas permanecía oculta, pero para ellos era bien conocida la historia de su abuelo, y la cuentan sus anécdotas, su resistencia, sus caras cansadas.
Para que el cuento tenga sino un final feliz por lo menos justo, es necesario que se reconozca el derecho a sus tierras a esta comunidad indígena y que se haga todo lo posible por ayudarlos a mantener su cultura y su historia, sólo una ayuda, porque ellos de su parte han demostrado haber hecho más de lo que podían.

Notas de lectura: "Los mares del sur" de Cesare Pavese

En el poema oigo ecos, ecos de otras historias, otros autores, de otra gente, otros viajeros, ecos del viaje mítico, del aventurero, veo en ese primo que vuelve algo del capitán Nemo de Verne; ecos de algún deseo que tuve de muy chico cuando leía La Isla del Tesoro, de ser un purrete polizonte en algún barco pirata, y sentir rabia por haber nacido en el tiempo y lugar errados. Oigo ecos de los viajes que quise hacer de más grande y no hice; y también de los viajes que sí hice, de los lugares y la gente que conocí en esos viajes, cada uno con sus historias, que para mis ojos foráneos fueron gigantes.
Me siento en el lugar del otro, del que espera al viajero, el que escucha sus historias, el que lo extraña, el que lo ve ir y volver tantas veces, siempre con fascinación casi envidiosa por animarse a hacer eso que todos queremos pero no nos atrevemos en nombre de no se qué tipo de seguridad.
Me siento de vuelta en mi pueblo; leyendo de vuelta libros de aventureros viajando por África, combatiendo tiburones o resolviendo crímenes en el lejano oriente; soñando con ciudades enormes, llenas de historias y de gente.
Vuelvo de repente a pensar en conocer esos lugares, esos perfumes, de planear algún viaje a alguna ciudad de Asia y de deambular por su mercado, seguramente bullicioso, atestado de gente hablando en idiomas extraños.
Siento la lejanía, de ciudades, y de sus gentes, y de las “viditas” de esas gentes; siento el latir de todo un mundo más allá de mi lugar, tan chiquito y llano; sé que ese mundo está vivo, oigo su latido, pero despacito, como el reflejo tenue del faro de Turín; y es ese latido, ese faro lejano, lo que me provoca inmensa curiosidad, de conocerlo todo, de saber qué están haciendo esas vidas en todos esos mundos.
Siento la ansiedad de la espera de un viaje, la emoción de escuchar el relato del viaje de alguien más, la fascinación de añorar nuevas ciudades, nuevas personas, nuevas vidas; y pienso, de repente, que muchas veces es la mejor parte, pienso que muchas veces el viaje puede defraudar, que no fue tan emocionante como se lo cuenta, que la gran ciudad puede también ser oscura; que las historias y la gente son más o menos las mismas aquí que más allá.
Entonces elijo de vuelta la añoranza, de vuelta la fascinación; planeo nuevos viajes, leo nuevos libros, imagino nuevas historias; seguro de que es el momento más cálido, y recuerdo aquel lugar común en eso de que “la felicidad no es un destino sino un camino”, y pienso que, a veces, en los lugares comunes uno puede también sentirse a gusto.

Crónica cultural II

Sucio

Viernes a la noche, salgo de un teórico de la facultad y me voy para el teatro El Cubo del Abasto, antes me encuentro con Lucho, un amigo y tomamos unas cerves, él ya compró las entradas con un descuento 2x1, creo que de otra manera se hubiese complicado ir al teatro, que es algo que me gusta pero que se esta volviendo cada vez más un lujo por lo caro que están las entradas.
Hablamos de esto mientras caminamos hasta el teatro y llegamos justo, entramos.
La obra es “Sucio” protagonizada por Guillermo Arengo, Carlos Casella y Juan Minujin y dirigida por Ana Frenkel y Mariano Pensotti.

¿Qué es “Sucio”?

Sucio es un encuentro de tres hombres que no se conocen en un lavadero automático. Cada uno con su canasto de ropa y de historias sucias.
Sucio es comedia realista con momentos surrealistas de ópera rock.
Sucio es el diálogo de tres soledades, porque el hombre nace solo acá y muere solo allá -dirá uno de los personajes-, y en el medio soledad, soledad, soledad.
Sucio es el hombre ¿postmoderno? en la lucha entre el impulso primitivo ancestral de macho alfa y el impulso sensible de necesidad de afecto; es el hombre que tiene que hacer un laburo de macho estoy-en-el-tacho-doce-horas-por-mi-familia-mira-ese-trava-le-rompo-el-orto- y que tiene que demostrar tener los huevos bien fértiles un-polvo-un-pibe-estás-ovulando-llamame-te-hago-un-pibe-un-polvo-un-pibe; pero también es el hombre que extraña a una mujer y canta “I wil always love you” de Whitney Houston y el que llama a la ex para pedirle perdón por insistirle en que se acueste con su padre y que le dice que quiere volver al contestador automático en los tres, cuatro, cinco mensajes que deja.
Sucio es el hombre con otros hombres hablando cosas de hombres, el que se asusta y se aleja del abrazo del otro y el mismo que después lo pide a gritos, es el que se permite hablar no sólo de fútbol lejos del limite de la mirada de la mujer.
Sucio es el hombre que le huye a las mujeres por haber sido obligado por tres vecinitas a hacer un video porno en vhs a los ocho años y el que hace rato no está con una mujer y quiere sexo con cualquier cosa, el que se les trepa como un perro en celo a los otros y también a un oso de peluche.
Sucio es el hombre que se lava historias con el ruido de fondo de las máquinas que le lavan la ropa.
Sucio está escrito entre otros por una mujer y no es casual, seguramente un hombre no se hubiese animado a describir los aspectos más patéticos y más reales de la masculinidad actual (así como ninguna mujer hubiese descrito el mundo femenino como lo hace Almodóvar).
Sucio es el hombre que no se da cuenta de que sólo es un chico mirando un espectáculo de fuegos artificiales, y que por no darse cuenta es un chico ciego mirando un espectáculo de fuegos artificiales.
Sucio es estar sucio y saber que todos lo estamos, es el encuentro con la suciedad del otro para entender que no somos los únicos que tenemos que ir al lavadero, o al teatro.

Crónica cultural

“Construcción de una ciudad” de Nestor Frenkel en el Malba

Hace tiempo que andaba con ganas de verme “Construcción de una ciudad”, intente en vano verla en la Bafici, pero por la dinámica del festival cuando fui ya no había entradas, seguramente se habían agotado a las ocho de la mañana.
Así que ahora, con miedo de que salga de cartel, la googleé, y apareció en la cartelera del Malba: Domingo 8 de Junio 18:00 Hs. dice el programa.
Lo convenzo a un amigo y allá vamos.
A mí la historia siempre me asombro, Federación es una ciudad chiquita de Entre Ríos, yo la conocí cuando era muy chico en una de estas excursiones que haces en la escuela primaria, los “viajes educativos” que le dicen, fuimos en ese momento a la represa de Salto Grande que está en el límite de Argentina y Uruguay, la ciudad de Salto del lado oriental y Federación del nuestro.
Pero la ciudad que yo y mis jóvenes compañeros conocimos era la ciudad nueva, muy limpita, prolijita, con casas iguales, nueva nueva; la ciudad vieja había quedado bajos las aguas del río Uruguay cuando hicieron la represa.
Me parece que es una historia por lo menos curiosa.
Los antecedentes se remontan al año 1946 cuando Perón firma un tratado bilateral con el país vecino para la construcción de la represa para el aprovechamiento de los rápidos del Río Uruguay en la zona de Salto Grande.
Los que se sacrificarían por la patria eran los habitantes de Federación, que verían en el año 1997 demoler su vieja ciudad -con sus casas, sus lugares de trabajo, las escuelas de los chicos y los parques- en manos de cientos de topadoras.
El gobierno de facto de aquel momento les había elegido ya un lugar muy cerca de la vieja ciudad, y les había pagado sus casas, cada uno tenía asignado su lotecito.
Finalmente el 25 de Marzo de 1979 el general Videla inaugura la nueva ciudad.

Esa es la historia y con eso fui yo al cine.
El documental trata de ver a través de las historias de algunos de los habitantes de Federación como fue el cambio de una ciudad a otra, como se dio, que sintieron cuando demolían sus viejas casas, como se adaptaron, etc.
Lo raro del documental es que muy por el contrario de lo que uno espera está narrado en tono de comedia, está estructurado por entrevistas a personas de la ciudad, y cada una tiene toques de humor, como discusiones entre matrimonios, hijos que se meten en cámara, etc.
Se cuenta la historia de un pueblo a través de la vida de algunas de sus gentse, obviamente no es cualquier pueblo sino este tan peculiar.
Así al principio vemos a una señora que busca cuando baja el río en los escombros los cimientos de su viaja casa, y dice “esta es mi casa, este es el baño, esta la cocina, este...” y uno solo ve escombros, es una imagen la verdad fuerte, alguien hablando en presente de su casa que ya no está. El marido dice que a él no le gusta ir, “lo pasado pisado”, pero mientras tanto se le llenan los ojos de lágrimas.
Otro señor cuenta cómo con su familia intenta construir en su patio la misma glorieta que tenían en su vieja casa, y martilla, y pinta, y planta una enredadera; el director el pregunta para qué quiere una glorieta igual a la de antes y con absoluta naturalidad entrerriana el señor responde “para tomar mate abajo en verano ¿para que otra cosa? Como antes, con los chicos, con mi señora”.
Otro señor se encarga de plantar todas las especies de árboles que había en el amplio jardín de su vieja casa, lo hace en un plaza que le cedió la municipalidad, que lleva su nombre y que los turistas visitan, él está contento con su emprendimiento y dice que quiere tener a todos los árboles que lo vieron crecer con él y aferrado a esta idea se queja “el único que no quiere prender es el eucaliptos, parece como que me dijera: a mí no me engañas, este no es mi lugar, no quiere echar raíces, pero yo lo voy a hacer prender, si yo pude él también tiene que poder, tiene que acostumbrarse acá como yo, y tiene que seguir acá después que yo me muera”.
Uno ve en toda esta gente que su vida en algún punto se quedo allá, en la vieja ciudad, en sus jardines, en sus glorietas, en sus casas, que hacen lo imposible para tener en tiempo presente aquel pasado.
Es que, cuentan ellos mismos, fue difícil adaptarse. Al principio la ciudad no tenía plantas, ni patios siquiera, “parecía tierra de nadie” dice uno, “parecía como que había habido una guerra” confiesa otro; las imágenes que se muestran de esa época parecen no negarlo; muchas casitas iguales, “a veces llegabas a tu casa y te abría otro, y empezabas a pelear para ver de quién era la casa”, chiquitas, calles de tierra, “había hasta lagartijas, bichos, por todos lados”, sin alumbrado, “los pisos se rompían, las paredes se agrietaban, el comentario de todos los días era ver que se había roto”.
Las cosas no eran tan lindas como se las habían pintado, “uno se dejó endulzar, casa nueva, todo nuevo, te compraba eso, no supimos verlo” dice un señor nostálgico.
Pero después la ciudad tuvo la suerte de encontrar cerca aguas termales “y ahí todo cambió, acá en la ciudad hay un dicho: lo que el agua nos quitó, el agua nos devolvió” les cuenta una guía turística a un contingente de jubilados en un trencito que pasea por la ciudad.
Con el complejo termal empezaron a recibir un gran afluente turístico y se hicieron complejos, hoteles, se alquilan casas, todo pareció mejorar.
Eso cuenta el dueño de “El Gaucho”, una tienda de artesanías, que dice que empezó vendiendo café y que de a poco trabajando le fue yendo cada vez mejor; dice que se adaptó “pero a los viejos si que les costó, muchos de nuestro viejos murieron cuando se mudó la ciudad, pero cambiemos de tema” y sigue mostrando artesanías con los ojos llorosos.
Es que con las termas y todo, todos siguen en la vieja ciudad.
Una señora muestra como están armando un archivo de las escuelas, del registro civil, de negocios, fotos y demás de la vieja ciudad. Otro muestra un pesado de azulejo de su casa. Otro un adornito. El perro verde, un viejo solitario siempre en compañía de sus perros, dice que no tiene nada “los recuerdo los tengo en el cuerpo querido” dice y cuenta que el hermano le dio el apodo “decía que era raro, que era más raro que perro verde, y ahora me gritan perro por la calle, pero así es el vulgo, yo los dejo que hablen”.
Siempre igual hay quien vende pañuelos en un velorio, y así vemos al gran capitalista de la ciudad, que era uno de los que integraba desde el principio la comisión de apoyo para cambiar de lugar la ciudad, que estaba en la comisión de las termas, que esta en al comisión de turismo, que tiene empresas, y una pequeña granja zoológico, y que cuenta los miles de proyectos que tiene para la ciudad; paradójicamente mientras los cuenta el sol cae y sobre la ciudad cae la noche.
Sin embargo la ciudad sigue agradeciéndole a Dios por el agua caliente de la tierra, haciendo marketing de su dolor con un museo móvil de las antigüedades de la vieja ciudad, un señor que se niega a vender todas las filmaciones de la vieja ciudad porque dice que “van a comerciar con mis videos, y el que quiere sacar la ganancia soy yo”, un trencito que pasa por la ciudad y cuenta su historia, un teatro que tiene una obra q ue cuenta el traslado.
Pero no todos se fueron, hay un viejito que cuando fueron las topadoras se atrincheró y nadie lo pudo sacar; aún sigue ahí con sus noventa y tantos años, ya sordo, acordándose de cuando alrededor suyo había más que río.
Así la ciudad sigue tratando de sobrevivir al pasado, cada uno de sus habitantes con sus pequeñas estrategias, y mientras el sol sigue cayendo la cámara se aleja.

Trabajo de inclusión

Un lugar llamado Neo.

Nunca se me había ocurrido pensar en un lugar así. En mis quince años como astronauta encontrarme con esto es lo que menos esperaba, mucho menos después de lo que pasó.
El límite de mi imaginación llegaba hasta el suelo rojizo de Marte. Hasta hace un mes; que conocí esta tierra de color lila, un violeta como suavizado por las lluvias que se suceden una tras otras sin posibilidad de preverlas. De repente ese sol tan cercano se apaga en un segundo y el agua cae, como un aluvión de balas frías.
De algún modo me gusta sentir los golpes de esas lluvias; es un indicio de que estoy vivo; en un lugar que aún no logro descifrar, de algún modo, existo.
Cuando escuché el comienzo de la explosión de la nave cerré los ojos esperando la muerte; pero la muerte no llegó, creo. En cambio aparecí acá, de la nada en el medio de una especie de desierto, caminé por días enteros hasta llegar a la ciudad, una civilización moderna, como nunca imagine.
Los edificios son enormes, cada uno es una ciudad, la gente rara vez sale de ahí, lo tienen todo, centros comerciales, centros médicos, todo.
Todo en la ciudad es sobrio, no hay carteles, no hay contaminación sonora, todo es silencio.
Cuando llegué a uno de estos edificios, me desmayé, casi agonizando de sed y hambre, agotado por los días de caminar en la nada, perdido en la inmensidad de esta civilización nueva.
Me alojaron en una especie de clínica.
Todos me miran como un bicho raro, no entiendo que me ven, soy igual a ellos.
La comida que me dan es la misma a la que estoy acostumbrado, pizza, carne, pastas, frituras, aunque veo que los ayudantes de los médicos se asombran cuando como; se juntan todos detrás de un vidrio y me ven comer, a veces se miran entre ellos y se ríen; no entiendo que les parece tan raro.
Los doctores hablan conmigo, pero no los enfermeros, ni los asistentes, cuando intento una conversación me entienden, hacen lo que yo les pido, pero cuando intentan hablar no pueden articular las palabras y solo emiten sonidos guturales, como una persona sordomuda. Uno de ellos me sorprendió cuando estaba a punto de pedirle que me trajera un vaso de agua, no alcancé a pronunciar ninguna palabra cuando él se fue y, volvió con el vaso de agua; cuando lo mire notó mi cara de sorpresa y se puso nervioso.
Dentro de una hora van a someterme a un estudio me dijo el doctor. Cuando le pregunto que estudio, me dice que es por mi bien, que voy a ayudar a la ciencia; a qué ciencia, le digo yo; y él me mira y sonríe, para más tarde decirme: a la suya, a la de su descendencia, ellos se lo van a agradecer.

Perfil de escritor II

Perfil de escritor II

Mi relación con la escritura siempre fue bastante cercana y siempre estuvo estrechamente relacionada con la lectura; los momentos en que más leí fueron los momentos más productivos.
De muy chico leía cuanto libro se me cruzaba por el camino, sobre muchos cuentos y poesías, algo que hoy a la luz de tantos años me parece algo bastante raro para un chico tan chico, ya que en ese momento tendría nueve o diez años, y de hecho hoy la poesía no forma parte de mis principales intereses.
En ese momento también escribía en torno a esos géneros; poesía y cuentos.
Esto fue previo al comienzo del secundario.
A partir de primer año me alejé bastante de la lectura, un poco creo ahora por la obligación de leer cosas para literatura en forma obligatoria, como los romances españoles, que eran lecturas para mí bastante pesadas.
Leí si con gusto las lecturas que nos proponía la profesora de Francés, ella nos dejaba leer a cualquier autor francófono, ya sea Canadiense, Francés, Belga, etc. Lo cual me parece hoy algo más que didáctico, porque dentro de ese límite uno elegía un autor específico relacionado con los gustos que más o menos tenía, ella nos había antes orientado someramente respecto a corrientes literarias, naturalismo, realismo, existencialismo. En esa época hice lecturas que fueron muy placenteras a la vez que muy disímiles; así leí a Camus, Flaubert, Guy de Maupassant, Sartre, Verne y un par más que ahora no recuerdo.
En inglés a su vez leí autores ingleses en su idioma original, así llegué a leer a Miller, Hawthorne, Hemingway, y algunos más.
Esto siempre me inspiraba a escribir mucho, sobre todo cuentos.
Cuando empecé con la facultad, durante el CBC de Derecho leí bastante poco, más allá de los apuntes, y escribí muy poco también.
Luego hice el intento de entrar a Letras, por lo tanto cursé -y tengo al día de hoy aprobada- la materia de filosofía. Eso me abrió la cabeza, en ese momento me rodeé de gente muy creativa, y sumados a los apuntes de filosofía que estudiaba, hizo que escribiera muchos textos tipo ensayísticos, me la pasé ese cuatrimestre escribiendo frases sobre el fundamento ontológico de las papas, las cebollas y los zapatos, cualquier cosa caía en la bolsa de ese impulso metafísico; también escribí historias y relatos que tematizaban al respecto.
En esa época también leí mucho Borges, los conceptos que me había dado Filosofía del CBC, si bien escuetos, me sirvieron como guía para entender lo otro que subyace siempre en Borges, ese fundamento metafísico que hay en cada uno de sus cuentos, y eso me ayudaba también en la producción, de hecho tengo por ahí dando vueltas un cuento hiperbreve que hice tomando una idea que Borges plantea en un libro, no recuerdo cuál, en que hace un recuento de posibles argumentos que varios autores anotaron en algún momento y nunca desarrollaron; yo tomé uno de Hawthorne, que hablaba de una persona que se despertaba creyendo haber soñado que estaba a punto de morir en la silla eléctrica y el final es que alguien está durmiendo en una silla eléctrica mientras lo están matando..
Después ese año hice materias del CBC para Comunicación y a la vez un taller de escritura en el Rojas, al que sólo fui dos clases porque no me servía para nada, era simplemente una reunión de gente que mostraba cuan bien escribía, a eso se limitaba, a leer textos que producíamos nosotros sin ningún tipo de aporte de la profesora.
Luego empecé Comunicación y el taller de expresión escrita, que solo cursé un cuatrimestre, allí escribí algunos cuentos, y en esa época leí mucho a Cortazar, y releí también a Borges.
Abandoné después comunicación y empecé cine, que cursé durante dos años, en ese momento produje un par de guiones para cortos, y elaboré muchas ideas, que todavía están el la pc, para largos.

Perfil de escritor I

Sobre mundos paralelos

Cuando intuyo que una historia puede ser buena –lo sea o no realmente, poco importa- lo siento en el cuerpo. Se me eriza la piel. Ese mundo del mas allá del papel invade de repente mi “más acá”. Se me hace carne. Ya no pienso mi cotidiano desde la lógica de causa y efecto de éste, mi mundo físico, el mundo donde está mi cuerpo con su sangre, y su carne y sus huesos, donde están las cosas que puedo tocar, y las relaciones que puedo tener, y la gente que puedo conocer, los ruidos que puedo escuchar; el mundo de las “sensaciones”. Se me impone, en cambio, otra lógica, la del mundo del mas allá del que hablaba antes, y es la coherencia interna de ese mundo la que rige mis pensamientos; soy mis personajes, temo lo que ellos temen y amo lo que ellos aman. De pronto me encuentro a mí mismo buscando signos en este mundo de las sensaciones que me lleven o me conecten con aquel mundo, el de las “ideas” podría decir, si Platón me lo permite. Entonces toda esta realidad física se explica mediante aquel mundo, todo lo que pasa siento que pasa para que pueda darle vida al otro, y es ahí cuando dudo que yo haya inventado aquel mundo, es ahí cuando leo todo lo que me pasa desde un punto de vista funcional al mundo que estoy construyendo, “esto pasa por algo”, me digo, y corro a la computadora o a buscar el papel, para no perder esa relación que tejí en mi cabeza entre el más acá y el mas allá. Y cada vez es mas grande el otro mundo enriquecido por este, que ahora parece como fagocitado, pero es solo por un tiempo hasta que aquel otro se construya, y cuando le pongo un final a aquélla historia, me siento como en paz, como habiendo cumplido con algo que debía hacer, como que mi deber es encontrar esas historias que hay en el aire; porque creo fervientemente que las historias están ahí, nosotros simplemente las encontramos, de acuerdo a cuanto más o menos atentos estamos a esos signos de los que hablaba antes. Claro que hay gente que no les da importancia a esos signos, la mayoría de la gente en verdad, de hecho no hay millares de personas escribiendo; prefieren no fagocitar su mundo del más acá por ese posible del más allá, “hay que vivir en la realidad dicen”; es porque nunca sintieron lo que dije mas arriba, eso de que esa otra realidad pasa a ser por un tiempo “la” realidad, no pueden ver que las historias están en esta realidad, solo que hay de descifrarlas, encontrarlas, no se dejan ver tan fácilmente como nuestros cuerpos, no se dejan oír tan claras como los ruidos de la ciudad. Hay que estar más atentos, y escuchar entre las conversaciones, oler entre el humo que deja el sesenta a su paso, mirar entre las miles de cabecitas en Cabildo a la seis de la tarde.
En verdad siento una suerte de pena por esa gente que no puede sentir lo que yo siento cuando estoy atravesando el proceso de escritura, no saben lo que se pierden y, hasta en algún punto, me cuesta entender que haya alguien que no se sienta atraído por esos posibles mundos; y a la vez me siento orgulloso de tener la capacidad de darme cuenta lo mágico de eso, es como esos secretos que uno no puede decir pero lo enorgullecen, me siento como habiendo encontrado un tesoro, que nadie valora, pero que yo se exactamente cuanto vale, yo se que soy rico.
Y realmente, lo dije más arriba, poco importa si la historia es efectivamente buena o no, vale la pena la experiencia, además hay que dejar que el tiempo haga lo suyo; así, historias que hace tiempo están archivadas en la computadora sin tocar porque sospechamos de su calidad, un día las releemos y por ahí no son del todo buena, pero podemos procesar mejor la idea, y finalmente mejoran, y construyen su propio mundo.
Lo único que hay que hacer es estar atentos a esos mundos paralelos habitados por esas historias que se esconden entre el ruido, que no se dejan oír, ni ver, ni tocar, y atraparlas, decodificarlas, traducir esa sensación que provocan, en algo con una forma determinada.
Al fin y al cabo esos mundos paralelos existen, creo de hecho - yendo un poco más allá de la escritura, o en todo caso hablando de la escritura de nuestras historias de vida- que nunca dejamos de ser aquello que en algún momento estuvimos a punto de ser y no fuimos. Así, yo sigo saliendo con aquella persona de la que me separé hace tiempo; así, estoy de algún modo trabajando en un lugar al que en su momento llegue tarde para la entrevista.
Así, nuestras subjetividades y con ellas sus historias, se desdoblan y conviven en capas, en posibles mundos alternos, a modo de aquellos libros de “elige tu propia aventura”, la diferencia radica en que en esos libros uno sabía todos los finales; si elegíamos uno hoy, podíamos al día siguiente elegir otro, o incluso espiar los otros en una sola lectura; en este caso no, vemos desde nuestra subjetividad solo lo que ella eligió, y la otra anda por ahí, sin saber de la existencia de esta, desde la que estoy escribiendo este texto.