miércoles, 14 de abril de 2010

Huesos

Las noches de cementerio son frías, como la muerte pienso, como un cuerpo después de la vida; son solitarias también como la muerte, que es tan de uno tan anónima después del llanto de todos después de los lo sientos. Sin embargo hoy está ella y aún así la noche parece solitaria como las flores después de un tiempo, como las flores marchitas las noches acá parecen secas, aún en Buenos Aires siempre tan húmeda aún con esta lluvia que resbala en mi camisa de sereno y no me moja. Las noches son siempre secas como los cuerpos que piso en círculo una y otra vez todas las noches y que no me importan. A ella la lluvia tampoco le molesta, tampoco a ella la moja y al igual que ayer cava cava y cava.
Ninguno de mis compañeros se dio cuenta esta mañana de que está desenterrando esa tumba, es una que ya nadie visita, tampoco nadie la vigila.
Esa mujer desentierra ese cuerpo y pienso en lo grande de su problema; y me río solo, como loco, y pienso en el mío y por eso la entiendo y no hago nada.
Mi problema es mi mujer, sus compulsiones sexuales irrefrenables, mi problema es que no sé ya que hacer y decido no hacer nada; al principio de nuestra relación quería todo el tiempo sexo, siempre en cualquier lugar, en todo momento; después me engañó con todo hombre que conocía. No le bastó y empezó a pasar noches enteras fumando frente a la computadora, no haciendo más que ser otras y otros en salas de chat; a veces era hombre que buscaba mujeres, a veces era mujer que buscaba hombres, a veces era hombre buscando hombres, a veces era yo.
Todavía no la entiendo, pero la amo y no hago nada y espero, y cada vez se pone peor y ahora más y la noche fría seca de cementerio y hoy no llueve y es el tercer día que miro cómo esta mujer desentierra ese cuerpo ahora huesos y pienso en cuántos problemas tiene y pienso en cuantos problemas tengo yo por mirarla y no hacer nada y amo tanto a mi mujer y toleré todo, pero ahora esto. Ahora esto en mi casa en nuestra habitación esta compulsión que hace que no perciba el dolor en su entrepierna, que no sienta el frío de los huesos que la penetran y que grite el nombre escrito en esa tumba que nadie visita salvo ella y yo no hago nada y la miro desde la cocina y entiendo que siempre lo buscó a él, en mí, en los hombres con los que me engaño, en los otros que se invento y que fue y la miro; confío en que así pueda encontrarlo y olvidarlo.
La miro desde la cocina y lo sabe en la habitación como lo sabía en el cementerio; la miro y ella sólo sigue amando huesos mientras sangra en su entrepierna.

Princesa

A veces Carlos es princesa pero sobre todo a mitad de la noche, digamos a la cuatro. La casa está en silencio y en silencio es princesa. El baño está limpio Sandra y su obsesión con la limpieza limpio. No hay ruidos todo está callado no puedo gritar gemir porque Sandra escucharía callado. Sólo hay olor a desinfectante pero imagino el olor de su entrepierna desinfectante. Lo imagino macho morocho alto grandote macho, todo está perfecto limpio y seco salvo mi mano ahora mojada porque ay ay ay como princesa ay ay ay perfecto.
A veces Carlos es princesa pero casi siempre se levanta temprano y Sandra está al lado. La besa, pero ella no lo mira y sigue durmiendo porque no trabaja. Desayuna, piensa en la oficina y se olvida que a veces se levanta a mitad de la noche. Agarra el portafolio y va al cuarto de su hija de seis años, la besa y siente culpa porque juega igual que ella.
Maneja y la ciudad y los autos, putea y no es princesa. Pero, ese canillita tan morocho tan joven tan sonrisa dulce.
A veces llega a la oficina y como siempre ese chico nuevo tan lindo nunca tendría que haberlo tomado nuevo y es tan princesa.
Una vez un lunes el chico le sonríe y Carlos se siente más princesa que nunca. Ycomo otras veces solo en su baño limpio ahora está con él. Y aprovecha al mediodía cuando no hay nadie y el chico nuevo le trae un informe sobre los números del trimestre en las ventas de la región. Y Carlos se olvida porque esas no son cosas de princesa y lo mira y el chico no aunque sienta esa mano suave que lo roza en su entrepierna y entonces salte y mire a Carlos y se vea que no entiende a algunas princesas y Carlos se disculpe con una disculpa perdón pensé cabeza gacha disculpa.
Una vez Carlos pasa las horas que restan del día en su oficina y no baja a comer. Sale a la seis despavorido huyendo y la mirada del chico nuevo y maneja, hasta su casa con tristeza princesa triste princesa humillada tristeza. No ve ningún canillita..
A veces Carlos llega a su casa cuando no hay nadie, digamos a las ocho Sandra está con la nena en danza porque es miércoles o lunes ocho. Y corre desesperado al cajón de Sandra y busca una bombacha una roja o blanca o rosa princesa. A veces se la pone y se mira al espejo y sueña, con el chico nuevo porqué lo tomé nunca tendría que pero es tan lindo y esa sonrisa ojalá algún día la entrepierna esa entrepierna le queda tan bien ese traje ay ay ay nuevo. Y mira alrededor de la habitación ordenada tan perfecto el espejo la alfombra el cubrecama todo limpio salvo mi mano sucia ahora ordenada.
A veces llega a su casa y es princesa y siente culpa.
A veces, digamos que siempre los lunes, digamos que a veces los miércoles, Sandra llega a su casa con su hijita de danza. Carlos es mejor marido que nunca y encuentra el cajón del placard siempre revuelto. A veces duda y a veces sabe y prefiere no saber.
Una vez Carlos llega a su casa un lunes desesperado como siempre o más y busca el cajón de Sandra y agarra una bombacha y no llega a ponérsela y en el espejo ve como siempre una princesa pero ahora llora llanto bombacha en las rodillas llanto.
Una vez un lunes Sandra llega con su hijita y grita fuerte Carlos fuerte Carlos estás fuerte ya llegamos y entra al cuarto y llora una sola lágrima como la que tiene la princesa con bombacha rosa hasta las rodillas y silencio hijita no veas le pone la cabeza junto a su pierna ni bien la hijita entra al cuarto que le pasó a papá silencio y mira alrededor todo tan ordenado limpié hoy hasta Carlos con mi bombacha lo sabía en la rodilla parece combinar con los muebles ordenado, salvo las pastillas todas desperdigadas en la cama y en el piso y en el mueble el frasco nada parece alterar el orden de hoy a la mañana, ni siquiera la princesa sobre mi cama con mi bombacha en las rodillas.

Proceso de escritura del Proyecto Narrativo

El proyecto que había elegido como trabajo final era una crónica: iría a Santiago del Estero a conocer la lucha de miles de familias campesinas indígenas nucleadas en el MoCaSE (Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero).
El viaje a Santiago llegó y fui con ciento sesenta compañeros más a conocer la experiencia del trabajo en el monte, de la lucha política, de la convivencia con vidas muy ricas y enriquecedoras, tanto la de los campesinos como de quienes me acompañaban.
Durante el transcurso del viaje tomé notas, muchas, sobre todo lo que veía: paisaje, gente, costumbres, frases; me la pasé describiendo todo cuanto veía, tanto de la gente que me hospedó en su casa, como de mis “cumpas” de viaje.
Una vez de vuelta en Buenos Aires, me di cuenta que la experiencia había excedido, realmente y en muchos sentidos, mis expectativas. En principio y a titulo personal, casi biográfico, me impacto la lucha y la convicción de los compañeros campesinos y de muchos que habían ido conmigo desde Buenos Aires, me llené de energía y ganas de militar, que de a poco estoy poniendo en práctica; por otro lado empecé a sentir que el motivo guía por el cual viajé se iba haciendo cada vez más chiquito frente a todo lo que me pasaba, que en una crónica para un trabajo de la facultad, con los tiempos de entrega y las limitaciones que ello implica, no podría plasmar como yo quería la experiencia vivida; por respeto a la gente que conocí, a los días que viví con ellos, a la relación que construimos, y además también por respeto al taller, sentía que debería darle tiempo a esta crónica, dejarla descansar y que cuando la termine sea digna de ser leída y transmita la experiencia en una forma cercana a la que la viví.
Desde la escritura me pasó que eran muchas las notas que había recogido, muchos los temas que quería abordar, y no encontraba la forma de estructurar el texto, de articular la experiencia, las descripciones, los diálogos, de la manera que yo quería, una manera que mostrara la lucha de la gente de Santiago tal como yo la había vivido.
Me pasé días frente a la máquina tratando de unir, casi siempre forzosamente, todas estos pedacitos de relato que tenía; escribía muy pocas cosas nuevas todos los días, y mientras tanto mi frustración iba creciendo a la vez que bajaba el numero de páginas escritas por día.
Entonces empecé a dudar si era el momento y espacio para contar el viaje, era seguro que lo iba a contar en algún momento, me lo debo a mí y a mis compañeros, pero dudaba, y tampoco me animaba a bajarme del proyecto, en parte por la convicción con la que lo había iniciado, en parte por la expectativa que había generado; me sentía un poco presionado, y esto no ayudaba en nada a la escritura; así las cosas, yo me sentaba a escribir y no escribía nada, más bien divagaba.
En estas divagaciones, siempre surgían cosas de ficción, algún que otro cuento.
Un día de esos, en que intentaba escribir y poco y nada salía, llegó por mail el cuento de Ezequiel Chareca, compañero del Taller, con un personaje bastante peculiar; una mujer de setenta años que se había pasado toda su vida sentada en una bañera, un personaje que rayaba la locura.
Eso me llevó a pensar en cuanto me gustan estos personajes borders, estos personajes que viven en otra realidad que no es la que estamos acostumbrados; entonces comencé a pensar en hacer un cuento en torno a un personaje así.
Me fascinan las historias de personajes que son conocidos casi siempre como “marginales”, “raros”, “freaks”, me interesa el universo de aquellas personas que viven fuera del “sistema”, entendiendo por sistema las normas sociales, los mandatos, lo que está bien, lo correcto, etc, etc, etc; también me interesan esas historias en que personajes que sí siguen las recetas que desde todas las instituciones se bajan, y parecen ser perfectos, un día estallan y rompen los límites de su represión en formas violentas, trágicas, tragicómicas.
Con todo esto en la cabeza comencé a pensar historias y como articularlas con los territorios. En este nuevo proyecto de ficción me llamaron la atención los cuentos de Horacio Quiroga (“Los desterrados” y “Los destiladores de naranja”) en el cuadernillo de Misiones. Quiroga siempre me gustó, siempre me gustaron sus formas de cuento clásicas y sus historias, tan “macabras”, tan intensas, tan crudas; tienen algo de lo que hablaba, y estos personajes en particular son así, sobre todo el personaje de “Los destiladores...”, entregado al alcohol, viviendo su propia realidad, cansado de las normas sociales. En estos cuentos los personajes son intensos, llevan sus pasiones, sus pulsiones, al extremo.
Mi cuento iría también por ese camino. Quería contar una historia de un personaje intenso, de alguien cuyas pulsiones lo llevaran al límite, quería personajes guiados por el deseo, arrastrados por y subordinados al deseo, disfrutando y gustando de ese momento en que el objeto de deseo está tan cerca, tan a punto de conseguirse, ese instante en que no se piensa en lo mal que nos vamos a sentir si nuestra búsqueda fracasa, ese deseo que es el viaje desde nuestra incompletud hasta aquello que creemos y deseamos nos complete.
Empecé a pensar que si bien mis personajes están relacionados con los cuentos de Quiroga de Misiones, en realidad tienen más que ver con los Territorios de la Guerra y el Mito; ya que no es un territorio físico, sino uno más bien abstracto, el del deseo. Podría haber ubicado caprichosamente las historias en Misiones; pero los textos me pedían que fueran en Buenos Aires, es la ciudad en que vivo y me pienso en ella, y estos personajes los siento porteños, los veo caminando en la ciudad, podrían ser cualquiera que toma el subte, que camina por Corrientes.
Así comencé a escribir, y salieron dos cuentos que tienen las características que buscaba y que arriba conté. Inicialmente presenté sólo uno, pero ante el pedido de la profesora Claudia de presentar un texto más largo o una historia complementaria creí que lo mejor y más justo sería presentar los dos textos que nacieron de la mano, que se escribieron casi solos un domingo de lluvia y de porteña soledad, con mucho mate y muchos cigarrillos de por medio.
Les hice en el transcurso en que los escribí y los presenté algunas modificaciones a partir de revisiones que hice y de la crítica que quienes los fueron leyendo.
En fin, ahora sólo resta que sean leídos y comentados.

Crónica cultural III: Retrospectiva de Vinent Gallo en el MALBAC

Frío de junio en buenos aires y tomo el 102 en la plaza de Constitución.
Me voy a bajar en Figueroa Alcorta al 3400: el MALBA.
La ocasión es ver en cine los dos únicos largos que hizo hasta ahora Vincent Gallo, y escucharlo a él hablar un poco de eso.
Personaje peculiar Vincent, actor, músico, director de cine y siempre, ante todo, personaje.
Si lo googleamos nos enteramos que es hijo de inmigrantes sicilianos (no sabia que mi apellido era siciliano), que vivió en Búfalo hasta los dieciséis años cuando el padre lo echó de la casa, que en ese momento se mudó a Nueva York y que ahí fue pintor, rapero, bajista en una banda de rock, modelo publicitario de Calvin Klein, actor, corredor de motos, gigoló, etc,etc,etc.
Yo lo conocí en mi adolescencia aburrido viendo algún canal de cable cuando me encontré con Buffalo ’66 (su primer largo, de 1998) y me quedé colgadísimo con esa historia rara, con esos raros personajes y con ese cine que se olía ya en el primer fotograma bien independienton, vale decir que cuando uno es adolescente está mas que nunca propenso a ese tipo de pelis.
En Argentina la película no se estrenó en cine, así como tampoco su segundo largo The Brown Bunny, de 2004, que tampoco se encuentra en video/dvd clubes, y que nunca hice el intento de bajarla de Internet.
En fin, ahora Vicente las va a presentar a las dos, y a charlar un poco al respecto.
Me entusiasma encontrar a este personaje, lo de hoy lo había visto la semana pasada en el programa del Malba, pero no activé hasta hace dos horas y me da un poco de miedo no conseguir entradas, por eso salgo con bastante tiempo para no llegar a último momento.
Espero el 102 y miro el reloj: 14.30, nahhh llegó re bien.
Error Lisandro, error.
Entro rápido al Malba a las 15:00 y hago la correspondiente cola:
- Una entrada para lo de Vincent Gallo
- ...-cara de póker del vendedor.
- Para lo de Gallo- repito
- Naaahhh, se agotaron hace dos días- con cara de superado-, por eso pusimos el cartel
- Me doy vuelta, veo “entradas agotadas” en un cartel gigante con letras rojas en la puerta, lo miro al flaco con bronca y me alejo homenajeando a su familia, a la de Gallo y a la de Constantini en una misma oración..
Salgo y un pibe muy cool de gorrita jujeña que esta por ahí se ríe “garrón”, a él también le había pasado lo mismo, hablamos un toque sobre la mala suerte que tenemos y nos quedamos ahí afuera dando vueltas, “de alguna forma hay que entrar” nos damos aliento.
Mientras tanto aprovecho el tiempo muerto y saco las entradas para Quadrophenia que la dan a las 22:00: mi idea es pernoctar. En la cola una chica me pregunta si “¿acá se sacan las entradas para lo de Gallo?” y soy el encargado de darle la mala noticia, pero la chica permanece positiva “nahh, bueh igual alguna tenemos que conseguir”.
Después de una rato somos muchos los que no nos resignamos a irnos, yo por las dudas llamo a una amiga que vive cerca para que se venga, de última damos una vuelta por el museo, una vez más.
El pibe de la gorrita y yo mientras tanto nos divertimos viendo como se repite la escena: chicos emocionados que llegan corriendo y se encuentran con el cartel: “la p***...”.
El Malba esta ahora lleno y casi todos en la misma, todos muy cool, la gorrita de lana sale como ninguna otra cosaa, hay mucha chica con medias de colores como la de la cola, muchos anteojos de marco negro ancho o grandes y extravagantes, mucho chupin, en un hora se puso todo muy malba.
“Ahí está, ahí está” se miran emocionados grupos de modernos malba boys cuando se enteran que Gallo está recorriendo el museo –entró atrás mío-, dando vueltas en la entrada, hablando con la gente, sacándose fotos con tipos que ni saben quién es pero que sonríen grande.
Es que en realidad el extravagante personaje que se merodea el museo -en botas de cuero blancas en punta, con una tapado hasta las rodillas y un inquietante look de homeless prolijo- está de moda entre los argentinos desde que llegó hace un tiempo a Buenos Aires para filmar Tetro, la nueva que a Coppola se le ocurrió filmar acá.
Nosotros, los que esperamos, somos cada vez más, y se nos suma un amigo del pibe de gorrita jujeña, estudiante de cine igual que él, y seguimos puteando por lo de las entradas, mientras me cuentan que el de gorrita es de Uruguay y el amigo de Colombia y hablamos de cine, y de escuelas de cine y de Lucrecia Martel.
En eso, llega una chica del Malba y se acerca a un grupo que está al lado nuestro (entre las que estaba la chica de medias color violeta y tapado rojo, la que yo le había dado al mala noticia) y les da de la nada entradas para todas, con los pibes nos miramos y la seguimos, “no tengo más chicos”, “no se nos da ninguna” y seguimos puteando.
Ya son las 16.00 y nos empezábamos a resignar cuando sale la chica del malba y nos dice “ ustedes querían entradas?” a lo que respondemos “seeeeee” y le sacamos tres para nosotros y una para mi amiga que estaba llegando.
Las entradas eran solo para Buffalo ´66 pero está bien igual.
Vemos la película y salimos.
Nos quedamos con mi amiga Marisa afuera, sin entradas todavía para la segunda, yo sé que de algún modo voy a entrar, y en eso escucho a tres personas hablar de que les sobran entradas, me acerco y a los quince minutos estamos viendo The Brown Bunny, “no tenés cara” me dice mi amiga..
Vemos la peli, y yo quiero entrar a la charla, que requiere entradas aparte, Marisa me abandona y yo salgo afuera a la caza de mi lugar en la sala, pero me encuentro en la cola con amigos que sí tienen entradas y me cuelgo hablando, así que la charla no la voy a poder ver.
Cierran la puerta y me c*** de frío esperando que se hagan las 22 para Quadrophenia.
A las 21:45 llega Lucho, un amigo con el que voy a ver la peli y nos dicen que por la charla va empezar recién a las 22:30, aprovechamos y nos vamos a comer a una estación de servicio.
Cuando llegamos 22:30 nos encontramos con los Malba boys asediando a Gallo, que firma autógrafos, charla y se saca fotos con todos; nosotros pensamos que todavía no se puede entrar, cuando nos damos cuenta que la peli ya había empezado.
Entramos corriendo y nos sentamos medio con bronca.
A las 12.30 vuelvo a casa después de mi día en el Malba.
Estuvo divertido.

Notas de lectura sobre Gueertz

La construcción del autor y del otro en los textos etnográficos

Gueertz reflexiona sobre la relación de los textos antropológicos, mas específicamente las investigaciones etnográficas y la dificultosa relación que presentan estos textos con la escritura, es decir la dificultades de evaluar los textos etnográficos como género literario.
La comunidad antropológica y el mismo público parecen valorar las etnografías en la medida que demuestren un alto grado de cientificidad y verdad medidos por la enumeración de un gran número de detalles, la ausencia de la huella autoral, la búsqueda de la transparencia y la objetividad en el relato.
Sin embargo la verosimilitud no depende de la enumeración factual empirista de rasgos culturales sino del efecto de lectura que permite ver al autor como penetrando otras culturas. Que una etnografía sea más verosímil que otra depende del efecto de sentido que crea el autor de que realmente estuvo allí.
Dos etnógrafos hacen el mismo trabajo de campo, estudiando la misma cultura, en el mismo lugar, al mismo tiempo, tomando las mismas notas; sin embargo el público otorga mayor veracidad a un relato que a otro; esto sólo se explica a partir de la forma en que están narrados los hechos y cómo se crea en el texto el efecto de lectura “estuve allí”.
Entonces se plantea la cuestión de cómo planificar la escritura de un relato etnográfico siendo consciente de la escritura y la subjetividad y al mismo tiempo realmente estudiar un hecho, una cultura; la dificultad que supone construir un texto que es a la vez científico y biográfico, mezclar la actitud olímpica del físico no autoral y la soberana autoconciencia del novelista hiperautorial.
El primer paso es observar los propios textos etnográficos, desde le principio, desde las páginas donde se describen la puesta en escena, las intenciones y la autorepresentación y nunca perder de vista la antropología supone el encuentro con el otro; frecuentemente la distancia etnográfica separa al lector de los textos y al mismo antropólogo del otro también, este distanciamiento puede conducir a una focalización del otro como algo primitivo, curioso y exótico; se debe entonces participar en el mundo del otro.

Notas de lectura sobre Campbell

Muerte y resurrección

En su texto Joseph Campbell intenta desandar el camino del héroe.
Nos habla de cómo en todas las culturas, en diferentes tiempos y lugares, se repiten las mismas historias: el camino del héroe es retomado en diversos relatos, el mito mantiene viva la eficacia en la magia y el encantamiento que generan en quienes viven y escuchan los relatos mitológicos.
La forma que sigue este tipo de relatos es la magnificación de la fórmula representada en los ritos de iniciación: separación-iniciación-retorno.
El héroe es llamado a la aventura, traspasa el umbral de lo cotidiano hacia lo desconocido, es puesto a prueba, se enfrenta a fuerzas opositoras a la vez que elementos y personas lo ayudan a superar la pruebas y luego de la experiencia sufre una transformación, muere una parte de sí, para renacer transformado en la sabiduría de la experiencia, finalmente retoma el camino hacia su hogar para transmitir lo aprendido en su entorno.
Esta estructura está presente en cuentos de hadas, en los relatos bíblicos y los de otras tanta religiones. El camino del héroe fue transitado por Moisés, Buda, Jasón, y miles de héroes de otras culturas y personajes de la literatura universal.
En la época actual se carece de una mitología general efectiva, pero sin embargo el mito sigue siendo necesario para entender y abordar los misterios de la existencia. Así, el hombre moderno se hizo de su propio panteón de héroes y llena sus sueños personales y privados de caminos a descifrar, de formas mitológicas encarnadas en él mismo y sus sentimientos singulares, como apelando a la memoria ancestral sedimentada en las formas mitológicas.
Se busca y se retorna una y otra vez al mito para suplir los símbolos que hacen avanzar el espíritu, contrarrestando las fantasías que atan al hombre al pasado.
El mito es la forma simbólica superadora de los conflictos que el hombre arrastra desde la niñez, el mito simboliza la transformación, traza un camino que hace que lo desconocido sea familiar, el hombre se piensa y se supera a través de él.

Notas de lectura sobre Piglia

Las muchas maneras de hacer un cuento

El texto de Piglia me resultó revelador. Me parece muy interesante para pensar la escritura del cuento, tener presente las dos historias que cuenta un relato como una guía, una forma de planear la escritura, de ordenar la acción.
Creo que ser consciente en la instancia de escritura de que un cuento cuenta dos historias es muy útil, se vuelve el as ganador en la manga del escritor.
La tesis de Piglia pone de manifiesto que el enigma no se da a partir de sembrar indicios sin dar una resolución futura, sino que es una consecuencia de la autoconciencia del autor la existencia de dos historias; en efecto, como en el caso de Hemingway y su teoría del iceberg, puede nunca contarse la segunda historia, sino darse por sentada, apelando a la elipsis, la omisión y la profundización de una sola historia, sobre la que la otra que no se cuenta ejerce presión; es un efecto muy parecido al uso de un recurso cinematográfico que se da partir de no mostrar el fuera de campo, cuando hay un espacio que no se muestra, un personaje que no aparece, una historia que se sugiere solo en forma latente, lo que se logra es justamente depositar todo le interés allí, en lo no contado, lo no dicho, dando lugar al espectador a que reponga esa historia, poniendo atención en ella y explotando así un gran potencial de carga simbólica.
El cuento clásico se puede decir que trabaja sobre la sorpresa del final epifánico, que aparece por último como lo inesperado: la segunda historia viene a resignificar la primera. En cambio la forma moderna del cuento trabaja el suspenso, articula las dos historias desde el comienzo trabajando sobre la tensión entre ellas, haciendo partícipe al lector desde el vamos del juego del relato. El relato aparece desnudo y que funcione o no depende de la dosificación y relaciones que el autor establezca entre las dos historias; algo pende de un hilo, está por caer en cualquier momento y esa tensión se muestra al lector provocando el interés hasta el final.
En fin, la tesis sobre le cuento es (para quienes como yo se acercan a la literatura más que como simples lectores ávidos de escuchar y nos interesa además el detrás de escena del relato) una muy útil, práctica y clara forma de acercarnos a las formas de estructura paradigmáticas del género del cuento.

Mi viaje

Hay tantos tipos de viajes como hombres en la tierra y en el mar. Hay viajes que empiezan simplemente por el deseo de viajar y conocer nuevos lugares, hay viajes impulsados por el encuentro de alguien que nos espera (o no) en aquel lugar, hay otros que se hacen por una necesidad, médica por ejemplo, y hay viajes en los que se va a buscar aquello que nuestro lugar ya no puede ofrecernos.
Y así como todo viaje empieza, no todos lo viajes terminan.
El mío tiene que ver con esto último: soy un viajero en tránsito.

¿Por dónde empiezo?

Empiezo el viaje con poco, casi nada, llevá lo básico Lisandro, dice mi vieja, medio triste aunque intente disimular, la ropa de invierno nomás, yo la miro y se acerca y me abraza largo. Ropa llevo poca, pero libros y discos todos, pienso que probablemente no tenga tiempo entre la cursada y el estudio pero no me importa, el vicio de coleccionista es más fuerte y sigo metiéndolos en la valija, mi fetiche pasa por mis discos y mis libros, el capital que más me interesa acumular, el único. Que buenas las disquerías y librerías de Buenos Aires, encontrás de todo, ya estoy planeando tardes enteras revolviendo estanterías y bateas, hay música que acá es imposible de encontrar, Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires como dice mi vieja. Pienso que la voy a extrañar, pero todavía no lo siento, estoy demasiado ansioso y contento con el viaje. Mi viejo no dice nada, en cambio me habla de fútbol, de política y de religión como queriendo amortizar retroactivamente todas las conversaciones que ya no vamos a tener, me hace chistes, dice que me cuide de las porteñas, sonríe y a mí me pone triste, le doy una palmada en el hombro como queriendo decirle va estar todo bien viejo y siento el corazón que le late denso en todo el cuerpo hasta en los hombros. Debe estar medio triste mi viejo para que el corazón le lata así y para que ese latido se escuche por encima de Horcas, que suena desde mi cuarto cerrado; mi hermana ahora escucha metal, pelea con mi vieja, mi viejo y conmigo también, cambió todo el guardarropas de color por ropa negra nada más, debe ser que tiene trece años; admiro su rebeldía, envidio su rebeldía también, yo nunca me animé, siempre fui más formal y parecí más cortés.
Empiezo el viaje cerca del destino, a tres horas nada más, todo empieza acá, en Gualeguay, donde vivo desde hace diecisiete años, desde siempre, el colectivo me va a dejar en Buenos Aires, pero no sé si mi viaje termina ahí, intuyo que va a seguir aún cuando ya esté viviendo allá. Están todos, mis amigos que se quedan y los que se van a otras ciudades, mis tías, mi tío, mi vieja, mi viejo, mi hermana, yo me alejo y el maletero me acomoda el equipaje, le doy una moneda de un peso gracias y vuelvo con ellos para tenerlos unos minutos más.
Empiezo el viaje a un metro del piso, los veo a todos desde arriba, sonríen a medias, mi mamá me hace señas con las manos, quiere que la llame cuando llegue. Voy a llegar bien, voy a estar bien. Siempre supe que quería irme a estudiar a Buenos Aires desde chico, nunca supe bien qué, pero es lo de menos pienso, y pienso en la gente que voy a conocer, en los libros que voy a tener que estudiar, en los fines de semana que no voy a poder venir para acá, en que me van a extrañar, me siento culpable por no pensar lo mismo, por estar más ansioso que triste, mi hermana me hace muchas señas y ahora sí me pongo triste, me va a doler no verla crecer de cerca, todos los días, conformarme con verla un poco más grande en cada viaje. Yo también voy a crecer. Mi viaje a un metro del suelo se empieza a mover, los veo cada vez más chiquitos, los veo correr el colectivo, los veo mover las manos alto, ya no los veo.
Empiezo mi viaje. Ruta, campo, peaje, mate, viaje, viajar, estar viajando, ciudad, ciudades, luces, gris, calles, gente, de Gualeguay que conozco, de otras ciudades por conocer, amigos, de antes que ya no veo, de ahora que tengo miedo de no ver más, nuevos, chicas, chicos, libros, mates, bizcochitos, apuntes, tardes estudiando, solo, acompañado ¿cómo serán los chicos de la pensión? son del interior también, tienen que ser copados ¿me ayudarán? ¿me guiaré en la ciudad? ¿tomo café o mejor jugo? mejor no, me duele la panza deben ser los nervios, ¿viajaré seguido a Gualeguay? ya fue tomo café hace frío ¿porque prenden siempre el aire así de fuerte? afuera debe estar bien el clima ¿como estará en Buenos Aires? no traje paraguas pero seguramente no llueve es muy parecido a Gualeguay, no tendría que haber tomado café son los nervios, mejor escucho música I´m so happy ´cause today I found my friends I´m so ha- mejor leo ¿porque me compré este libro? voy a ir al baño deben ser los nervios, callen a ese bebé ¿porque viajan con chicos tan chicos? parezco un viejo deben ser los nervios, containers rojos verdes, grúas óxido, ¿será el puerto? sí, autos muchos edificios colectivos colectivos auto, gendarme gendarme gendarmes, cola de colectivos, anden 44, gente chico chica señor señora, bajo ultimo ¿tengo monedas? sí acá me quedó una tengo más en la mochila, le doy el ticket y la moneda me da la valija gracias de nada, camino, gente, camino ¿cuál me tengo que tomar? aquel, parada, otro flaco con muchas mochilas nos escudriñamos serios debe venir a estudiar también.
Empiezo mi viaje en Retiro, medio cargado de valijas, medio perdido entre la gente, Retiro es feo y espero el colectivo, dejo pasar a una, dos, tres mujeres que estaban atrás mío en la cola, hago malabares y subo.
Empiezo mi viaje y la maquinita me dice que indique mi destino, yo que sé espero que sea bueno, pienso, y me río, el chofer me mira por el espejo como diciendo apurate boludo, y yo le digo que voy hasta Corrientes y Pueyrredón que si le puedo pagar con un billete que cuánto tiempo tarda en llegar que si tengo que tocar timbre que si me puede avisar que me disculpe que soy del interior, él me mira con la misma cara que antes y me dice que es con monedas nene sale ochenta, es mi bienvenida a Buenos Aires. Estoy contento igual.
Empiezo mi via

Río arriba para mí

Río arriba es a la vez documental y cuento -si lo pensamos desde el punto de vista de Piglia en Tesis sobre el cuento- contados a través de una viaje.
Es una viaje que cuenta dos historias; la primera que se nos aparece es la del director, Ulises De la Orden, que emprende su viaje desde el cemento de Buenos Aires en busca de la naturaleza de los paisajes maravillosos que conoce desde chico y a los que no vuelve hace veinte años.
Este viaje es la búsqueda de su historia familiar, la de su abuelo Manuel que allá por 1922 bajó del barco y se fue hacia Iruya, para trabajar el ingenio azucarero San Pedro y así asegurar el progreso de toda su descendencia.
Ulises busca así también en parte su propia historia.
Pero a lo largo del viaje que hace, y que hacemos nosotros también, vamos descubriendo la otra historia, la que subyace en este viaje de búsqueda, la que hizo posible la vida cómoda de los herederos de Don Manuel; vamos descubriendo que ese progreso está hecho del sacrifico de toda una comunidad indígena que fue explotada por los muchos ingenios que se pusieron en marcha a principios de siglo.
La comunidad kolla vivía hasta principios del siglo XX en forma autónoma, dependiendo solamente de sus propios cultivos, hasta que les fueron expropiadas las tierras en manos de arrendatarios, inmigrantes recién llegados de Europa, que los obligaron a trabajar en sus ingenios, endeudándolos en arrendamiento; así los indígenas se vieron forzosamente obligados a pagar con lo único que tenían: su fuerza de trabajo.
Los que no accedían “desaparecían” en el paisaje. Sin duda que ese hermoso paisaje que vemos y deseamos visitar toma otra importancia al ser conscientes de los secretos de años de explotación que guarda en sus silencios y sus ruidos salvajes; si ahora lo visitamos, después de ver la película, va a ser seguramente diferente.
Ulises comienza, entonces, la búsqueda de sus historia a partir de la de su abuelo, pero en el camino se encuentra con otra historia, la que realmente hizo que la suya sea hoy la que es y no otra.
Esta historia, la otra, la que nunca le contaron, la reconstruye con fotos, imágenes y los testimonios de gente de la comunidad kolla, que insiste en mantener viva su tradición, sus costumbres, su respeto por la naturaleza, sus fiestas, a pesar de los intentos de aquellos explotadores.
Para Ulises y su historia la de estos indígenas permanecía oculta, pero para ellos era bien conocida la historia de su abuelo, y la cuentan sus anécdotas, su resistencia, sus caras cansadas.
Para que el cuento tenga sino un final feliz por lo menos justo, es necesario que se reconozca el derecho a sus tierras a esta comunidad indígena y que se haga todo lo posible por ayudarlos a mantener su cultura y su historia, sólo una ayuda, porque ellos de su parte han demostrado haber hecho más de lo que podían.

Notas de lectura: "Los mares del sur" de Cesare Pavese

En el poema oigo ecos, ecos de otras historias, otros autores, de otra gente, otros viajeros, ecos del viaje mítico, del aventurero, veo en ese primo que vuelve algo del capitán Nemo de Verne; ecos de algún deseo que tuve de muy chico cuando leía La Isla del Tesoro, de ser un purrete polizonte en algún barco pirata, y sentir rabia por haber nacido en el tiempo y lugar errados. Oigo ecos de los viajes que quise hacer de más grande y no hice; y también de los viajes que sí hice, de los lugares y la gente que conocí en esos viajes, cada uno con sus historias, que para mis ojos foráneos fueron gigantes.
Me siento en el lugar del otro, del que espera al viajero, el que escucha sus historias, el que lo extraña, el que lo ve ir y volver tantas veces, siempre con fascinación casi envidiosa por animarse a hacer eso que todos queremos pero no nos atrevemos en nombre de no se qué tipo de seguridad.
Me siento de vuelta en mi pueblo; leyendo de vuelta libros de aventureros viajando por África, combatiendo tiburones o resolviendo crímenes en el lejano oriente; soñando con ciudades enormes, llenas de historias y de gente.
Vuelvo de repente a pensar en conocer esos lugares, esos perfumes, de planear algún viaje a alguna ciudad de Asia y de deambular por su mercado, seguramente bullicioso, atestado de gente hablando en idiomas extraños.
Siento la lejanía, de ciudades, y de sus gentes, y de las “viditas” de esas gentes; siento el latir de todo un mundo más allá de mi lugar, tan chiquito y llano; sé que ese mundo está vivo, oigo su latido, pero despacito, como el reflejo tenue del faro de Turín; y es ese latido, ese faro lejano, lo que me provoca inmensa curiosidad, de conocerlo todo, de saber qué están haciendo esas vidas en todos esos mundos.
Siento la ansiedad de la espera de un viaje, la emoción de escuchar el relato del viaje de alguien más, la fascinación de añorar nuevas ciudades, nuevas personas, nuevas vidas; y pienso, de repente, que muchas veces es la mejor parte, pienso que muchas veces el viaje puede defraudar, que no fue tan emocionante como se lo cuenta, que la gran ciudad puede también ser oscura; que las historias y la gente son más o menos las mismas aquí que más allá.
Entonces elijo de vuelta la añoranza, de vuelta la fascinación; planeo nuevos viajes, leo nuevos libros, imagino nuevas historias; seguro de que es el momento más cálido, y recuerdo aquel lugar común en eso de que “la felicidad no es un destino sino un camino”, y pienso que, a veces, en los lugares comunes uno puede también sentirse a gusto.